Día de la Victoria

Ese día comenzó con nervios; sabíamos, todos los que votaríamos por AMLO, que la victoria de ser avalada por un juez imparcial sería segura. El problema es que al frente del árbitro electoral, estaban los mismos que avalaron el fraude en 2006 y la compra de votos masiva de Peña Nieto y el PRI en 2012.

El clima era más o menos el mismo de ahora; mentiras de la derecha, que se refutaban en menos de media hora. Millones y millones de pesos públicos y privados, invertidos en campañas de marketing y en redes sociales para posicionar a Anaya y Meade, y persistir en el poder; mantener los privilegios, seguir sin pagar impuestos, mantener la impunidad, desviar recursos, usar las instituciones para su beneficio y sobre todo hacerse millonarios.

Eramos millones los que anticipando un posible fraude dábamos vueltas por las casillas cercanas. Los que con esperanza votamos temprano, aún cuando cientos de casillas abrieron tarde. Eramos millones los que ansiabamos que ahora sí, ganaríamos.

Las horas pasaban lentas. Incluso recuerdo enojarme con AMLO, cuando anunció a la hora de votar que lo había hecho por Rosario Piedra de Ibarra. “Un voto puede ser determinante”, pensé entonces, y no podía estar más equivocado. En todo el país se fraguaba una victoria contundente.

La urnas engordaron con votos a la izquierda, no solo en la presidencia, sino en las cámaras, en los municipios y hasta en la mayoría de las gubernaturas. La república mexicana, poco a poco se pintaba Morena.

Pero aún faltaba lo más difícil; las elecciones pasadas las habíamos ganado, pero no nos habían respetado los resultados, así que nos mordíamos las uñas frente a la tv, o con las redes sociales actualizadas cada 10 segundos para estar pendiente de cualquier noticia. Al fin, cuando era legal, salieron los primeros conteos rápidos que pronosticaban la victoria de la coalición Juntos Haremos Historia. Pero aún así, la noticia no bastaba, a pesar de que las encuestadoras decían era una victoria aplastante.

Entonces anunciaron un pronunciamiento de Meade. Imaginé lo peor; intentarían un fraude, anunciaría su victoria, diría que fue cerrada pero que había ganado; todo eso me pasó por la cabeza en un segundo, pero después vi su rostro; desencajado, triste, derrotado. “La elección no nos favorece, Quiero felicitar a Andrés Manuel López Obrador”, dijo…

Parecía un sueño, el candidato del PRI, salía a reconocer la victoria de AMLO, al fin el país giraría a la izquierda. Al fin podríamos salir del embrollo neoliberal y establecer una república de derechos. Al fin, después de años y años de lucha de miles de mexicanos López Obrador portaría la banda presidencial. No lo creía.

Entonces vino el anuncio de Anaya, también reconociendo la derrota; el triunfo de los que queríamos que todo cambiara. Entonces pude creerlo. Y por un momento me sentí feliz, pleno, absolutamente orgulloso de ser mexicano.

Ese día fue el Dia de la Victoria.

Lo que siguió fue fiesta. Corrimos al Zócalo a gritar “¡presidente, presidente!”, como muchas veces lo hicimos en mítines y discursos. Ese grito que salía de la boca pero que provenía del alma, ahora era cierto. Queríamos ser parte de esa fiesta que era una voz de salida para una Revolución pacífica, que hoy aún se encuentra en marcha.

Falta mucho.

Aún lucharemos bastante.

Pero ese día ganamos y demostramos, que aún con el INE corrupto, con las leyes a modo, con millones de pesos desviados a las campañas, con urnas desaparecidas, con los medios en contra; con todo eso podemos vencerlos.

Gerardo Ayala


Chucu – Chucu… Ahí viene el tren maya

Uno de los grandes proyectos, que me entusiasmaron desde 2012, para votar por AMLO fue sin duda el Tren Maya, y es que para los que conocemos el sureste nada suena tan atractivo como un tren que recorra todo el mundo maya, dentro de México.

Las preocupaciones son claras; la devastación de las selvas y los espacios naturales y la voracidad de corporaciones turísticas que de pronto vean el potencial de la zona turística, más allá de lo que ya significa Can Cun, Tulum o Playa del Carmen.

Sin embargo las vías son las mismas que ya existen desde hace muchos años y que hoy están prácticamente en el abandono; es cierto, habrá impacto ambiental, pero no será más que el de una carretera o un nuevo camino, que de todas formas se harían, y que no significarían un crecimiento tan grande en el aspecto económico o de empleos, como sí lo será el Tren Maya.

Es cierto y muy posible que la zona de pronto sea objeto del deseo de empresarios hoteleros, de transporte o de servicios turísticos, pero es natural y esa explosión traerá un crecimiento que mucha falta le hace al sureste. Lo que todos deberíamos exigir, cuando eso se de, es que los empleos generados sean bien remunerados, que los recursos naturales sean explotados de manera adecuada y que no se extralimite la capacidad poblacional de cada estado para cuidar las comunidades que ahí se han desarrollado por siglos.

El tren maya es una solución más que un problema; según datos de la ONU, reducirá la pobreza en un 15% en la zona y traerá 715,000 nuevos empleos directos e indirectos en la zona.

Así que…

Tal vez lo único inexplicable del proyecto sea la reticencia de los opositores al proyecto, más allá de los que lo hacen por el desconocimiento o ignorancia de la importancia del tren. Pues en todo caso es muy similar al proyecto que ellos querían del aeropuerto en Texcoco; una gran obra que traería turismo empleo y riqueza al país.

¿O será que solo se oponen por que es un proyecto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y a lo que en realidad le tienen miedo es a que funcione, a que se haga, y que a su luz, Morena les gane otro periodo presidencial?

Gerardo A. Ayala Mena


Fotografía : milenio.com

La misma piedra

Al parecer, al menos en algunas partes del país, la Jornada Nacional de Distanciamiento Social, está por llegar a su fin y en su lugar nos viene una Nueva Normalidad.

Claro, el virus sigue ahí y el peligro también. Las muertes por Covid 19 seguirán, pero según los cálculos de nuestras autoridades de Salud, la curva irá en descenso en los próximos días.

Es importante no tropezar con la misma piedra, no regresar y con falsos triunfalismos pensar que lo hemos logrado y que todo puede ser como antes; Los saludos deberán de cambiar y alejarnos al menos por un tiempo de los besos, abrazos y apapachos con todo mundo. Por ahora será mejor un cortés buenos días y seguir conservando la sana distancia, en cuanto se pueda.

No es hora de abarrotar restaurantes, ni plazas públicas, ni de salir a pajarear todos los días sin motivo. Lo que se pide es congruencia y civismo de la población. Que se entienda que la pandemia sigue y seguirá, al menos hasta que se encuentre una vacuna, un remedio o la mayoría de la población haya pasado por las garras del Coronavirus (lo que pase primero) y que la reapertura de negocios; restaurantes, centros comerciales y otros, se hace para amortiguar el golpe económico, que ya de por sí es bastante fuerte.

No caigamos en lo mismo que los desesperados en Francia, que hicieron cola para entrar a un ZARA, tratemos que esta pandemia nos enseñe que el consumo irracional, es en parte consecuencia de esto que estamos viviendo.

Lo que sí, es que ojalá sigamos siendo empáticos. Durante esta cuarentena, tuve la fortuna de tropezarme con ejemplos muy gratos de humanidad, que nos reivindican a todos y que nos dan esperanza; la comunidad de Twitter unida para conseguir una medicina o el señor que regaló una bicicleta a un repartidor que se la habían robado; las personas que hicieron despensa y las regalaron a quienes lo necesitaban o las mesas fuera de los comercios en donde la gente que compraba, depositara un producto, para que se lo llevara alguien que tuviera necesidad del mismo.

Gracias, si durante esta época tú has tenido un detalle así. No sabes lo importante que es para los demás sentir una abrazo lejano, una sonrisa solidaria o que simplemente no están solos en el mundo. Ojalá que lo sigas haciendo y si no lo has hecho, aún estás a tiempo; vivimos en un mundo complicado, en el que todos seguiremos necesitando de todos.

@GerardoAyala


Ja Ja Javier Lozano

Uno de los políticos consentidos del Calderonato. Siempre prepotente, siempre en pose, siempre arribista, siempre queriendo más y más poder. Un indeciso del PRI o del PAN; tal vez en resumen uno de los mejores ejemplos de que ambos partidos son lo mismo y sirven para lo mismo. Para absolutamente nada, más que beneficiar al que ya tiene dinero y poder.

Alguna vez Secretario de trabajo y entonces enemigo del empleo y amigo de los potentados. Javier Lozano fue a todas luces uno de los artífices del extinción de Compañía de Luz y Fuerza y también de Mexicana de Aviación.

Javier Lozano, incluso alguna vez dijo que quería ser presidente. (¡Qué pinche miedo!). Cercano de los Moreno Valle, de los Calderón Zavala, de Meade, de Anaya y de cuanto impresentable tenga la política mexicana, siempre buscó y busca una posición para golpear a la izquierda a AMLO y a todo lo que esté en contra de los intereses personales y de los de sus patrones.

Es uno de esos políticos que se deshace en halagos y servilismos para el que tiene poder o dinero y en cambio escupe insultos e improperios para el que lo cuestiona, lo reta o simplemente le dice sus verdades.

Javier Lozano fue nombrado por “su amigo” Gustavo Adolfo de Hoyos Walther como vocero especial de la COPARMEX, para luego deshacerse de el a las ocho horas del nombramiento. Lo que pasó, nadie lo sabe a ciencia cierta, pero se especula que tuvo que ver con que varios empresarios, miembros de la Confederación, presionaron para que Ja Ja Javier de ninguna forma representara sus intereses y mucho menos de manera pública, pues eso afectaría su ya de por sí muy gastada imagen,

El golpe es duro, tanto que hoy fue la burla de twitter y de la política en México. Lozano que de por sí ya había perdido capital político cuando se fue del PAN, para apoyar a Meade, en el PRI, hoy luce como un “apestado” de la realidad nacional.

El golpe es duro, también para Gustavo de Hoyos, que demostró no tener todo el poder en la institución que preside y que hay más intereses que los suyos, aún cuando se presume el líder absoluto de COPARMEX.

El golpe es duro para la Oposición de AMLO, que no encuentra figuras que estén a la altura de enfrentar al presidente y su 4ta transformación. Que solo tienen, ya como recurso, a algunos artistas y personalidades que a cambio de atención momentanea se prestan a atacar al gobierno, aunque luego sean desmentidos.

En fin.

Saludos y Felicidades Ja Ja Javier.

@GerardoAyala


Libertad de expresión

Uno de los derechos fundamentales en toda democracia que se precie de funcionar, sin duda es la libertad de expresarse. Pero como todas las libertades tiene una gran responsabilidad detrás:

Ser libre para decir no es lo mismo que seas libre para mentir. Cosa que parecen no entender varios personajes de la política, el periodismo y la comunidad artística de México.

Todos los días desde las hojas del Reforma, Excelsior y El Universal o desde la pantalla de Azteca, Imagen o Televisa se vierten informaciones dudosas; investigaciones a medias, pedazos de videos editados para que el mensaje no sea el correcto, y ahora, descaradamente, se miente y se golpea desde las Columnas de opinión, con la sencilla disculpa de “soy libre”.

Todos los días se hace propaganda en los espacios que deberían estar dedicados al periodismo y todos los días, cientos de tweets son enviados desde las cuentas personales de varios periodistas, con el único objetivo claro de golpear el Gobierno de México. Mientras bots, pagados quién sabe con que dinero, son “replicadores” de las mentiras y el golpeteo.

Entonces claro, llegan las voces de izquierda, los personajes del gobierno, las autoridades o cualquier afin al gobierno y al proyecto de AMLO, a desmentir cada una de las mentiras que dicen los enormes medios tradicionales.

Entonces claro, sale el presidente a desmentir las falsedades, a dar cifras, a contrastar hechos y a demostrar que son los de siempre los que mienten y seguirán mintiendo.

Y es ahí cuando los Krauze, Joaquín López Dóriga, Pascal Beltrán del Rio, Carlos Loret de Mola, Margarita Zavala, Calderón y demás fauna nociva, salen a gritar que se les reprime, que el gobierno, Andrés Manuel y sus zombies, atacan la libertad de expresión. Se victimizan, se hacen mártires; cuando en realidad fueron ellos mismos, y solo ellos, los que en principio y mintiendo; atacan y violan una y otra vez, la Liberta de Expresión.

Parecen tener su propio concepto de Libertad de Expresión. Según ellos…

  • Son libres de expresarse
  • Nadie puede expresarse sobre lo que ellos expresan
  • Ellos pueden criticar
  • Nadie puede criticar la crítica que ellos hacen
  • Ellos son los dueños de la Libertad de Expresión
  • Y no se la prestan a nadie.

Pues no.

Nosotros seguiremos hablando.

Nosotros seguiremos criticando.

Nosotros seguiremos teniendo voz.

Gerardo Ayala

PD: Un saludo a la “izquierda arrepentida”, esa que ahora cita a Chumel, a Triana y hasta a Belaunzarán. Su brújula moral, se extravió en un mar de intereses. Ni modo.


Siguen con miedo

¿Hasta dónde es capaz de llegar el poder económico y el poder político por perpetuarse?

En México no es tan difícil responder esa pregunta, los casos son variados y los ejemplos rayan en lo surrealista. Tenemos por ejemplo la elección robada a Cárdenas en 84. Cuando todo el poder político y el narcotráfico se unió para conservar al PRI en el poder.

Luego están claro, las alianzas por debajo del mantel, como la de Fox con Zedillo, que a compromiso de dejar los cotos de poder amarrados y estables, se dio un cambio de colores, pero no de actores. Una simulación en la que las cosas siguieron igual y a lo mejor en algunos aspectos hasta peor, pero con un Marketing muy propio del panismo, del nuevo siglo.

Uno de los peores ejemplos sin duda es el proceso entero de la llegada al poder de AMLO. Un político distinto, que desde el discurso y la arenga daba miedo a los opuestos. Un político que como varios viene desde lo humilde, pero como ninguno se siente orgulloso de decirlo y de no tratar de esconderlo en ropa cara, ademán fingido o título de universidad privada. Andrés Manuel, sabían, que de llegar al poder, pondría un estate quieto a varios comportamientos indignos de las instituciones de poder y a varios actores políticos y empresariales.

Por ese miedo, se unieron los corruptos para robarle la elección en 2006. Por ese miedo prefirieron poner a Felipe y sus impulsos de carnicero, al frente del país. Por ese miedo destruyeron lo poquito que habían crecido las instituciones democráticas en México y convirtieron la tierra mexicana en sembradío de muertos.

Por ese miedo también le apostaron al regreso del PRI, con el títere Peña Nieto y la horda de bandidos que tenía en su gabinete. Por ese miedo el país se volvió a endeudar como siempre y siguió sangrando más que nunca.

Así que para 2018, no se veía cómo pudieran mantener sus bastiones de poder. México despertó y los aplastó aún cuando todavía en lugares como Coyoacán y Puebla, metieron su mano negra. La gente los aplastó en las urnas: con sus instituciones, en su sistema y bajo sus reglas.

Y pues su miedo se les volvió canción. Todos los días Andrés Manuel, les quita algún negocio, los arrincona haciendo que paguen impuestos. La UIF (Unidad de Inteligencia Financiera) de Santiago Nieto los tiene asoleados congelando cuentas y comenzando investigaciones. Sus miedos eran profundos por que eran ciertos. Y lo peor es que se gastaron todo su prestigio, toda su credibilidad y la de sus periodistas, en sexenios anteriores. Ahora solo les queda arrimarse a bots en twitter, y a personalidades como Thalía o Eugenio Derbéz, para seguirle pegando al gobierno. Quién sabe bajo qué arreglos.

Su estrategia ya no da risa y mucho menos da frutos. Se caen a pedazos, de ahí su miedo a que la revocación de mandato y AMLO, aparezcan en la boleta del 2021. Se mueren de miedo por que saben que a pesar de todas las complicaciones la 4ta transformación va viento en popa, y la gente volverá como en estos más de 20 años a apoyar al tabasqueño.

Y no solo eso, ellos escasean de figuras emblemáticas. Sus personajes principales siguen siendo Lozano, Calderón o Alfaro. Mientras que la izquierda, cada vez, y cimentado en ataques de todos los días crece en figuras importantes; Santiago Nieto, Marcelo Ebrard, Rocío Nahle, Irma Eréndira Sandoval, Hugo López Gatell y los que acumulen en la semana.

Tienen miedo.

Y tienen razón en tenerlo.

No van a volver.


Empresarios de a peso

Tener un empresa exitosa es muy complicado; requiere capital, talento y carácter, para soportar las embestidas del destino. Hoy el Covid-19 es una prueba para muchos emprendedores; hombres y mujeres de negocios que todos los días arriesgan su patrimonio haciendo empresa.

Esta crisis sin duda separará a los buenos empresarios de los empresarios de a peso; esos que solo ven por sus intereses, aun sea a costa de sus empleados, proveedores, gobierno y sus clientes.

Es cierto, las empresas dan empleo, pero no es como algunos “empresarios” lo quieren hacer ver; no le hacen un favor a nadie. Todas las empresas necesitan un recurso humano. Y ese recurso les da una retribución que día a día los hace más y más exitosos. Es cierto ellos pagan un sueldo, pero es su empleado quien hace crecer los proyectos, quien sustenta la producción, quien vigila y atiende los puntos de venta, quiene hace que el capital semilla de cada negocio germine y de utilidades.

Tampoco lo hacen por el país. Ningún hombre de negocios, tiene negocios para dar empleos, todos tienen negocios por que quieren multiplicar su capital, por que buscan hacer crecer su patrimonio. No son héroes, son empresarios y nada más. La prueba es que algunas de estas empresas pagan sueldos de miseria, la prueba es que hoy pueden incluso correr gente con la mano en la cintura, por que lo que menos les preocupa son sus trabajadores.

Una vez dicho esto, resulta curioso como son estos empresarios; los que se creen héroes del país; los que todos los días en pasados sexenios decían “depende de uno, echenle ganas”, los que gritan que AMLO, los está dejando solos. Son estos empresarios los que quieren que el país se endeude y que les exente de sus obligaciones fiscales en aras, dicen, de seguir sosteniendo los empleos que dan.

Son estos empresarios, acostumbrados a evadir impuestos, los que a gritos y sombrerazos, quieren tirar a Andrés Manuel. y amenazan con escenarios de catástrofe.

Reniegan del estado, lo ningunean. Reniegan de los programas sociales, llaman mantenidos a sus beneficiarios. Reniegan de políticas sociales, las llaman locuras e improvisaciones. Pero hoy estos empresarios de a peso, piden que el país les de a ellos, les resuelva, les exente, les preste, les regale, los rescate, los mime, los apapapache, los trate como los trataba el PAN o el PRI.

No queridos empresarios de papel. AMLO, no va a gobernar para sus intereses, gobierna para los de todos; aunque ustedes crean que más vale un pobre muerto de hambre a que su empresa reporte números más discretos este año.

El gobierno de México ayudará a los más pobre primero, por el bien de todos. Y luego a empresas pequeñas y medianas, que son las que más empleos brindan en el país.

Hoy los “grandes empresarios”, deberán demostrar que lo son.

Gerardo Ayala


Aléjate de los miserables

Es fácil ganar likes en estos tiempos, solo necesitas ser adversario del gobierno y criticar todo lo que el presidenta haga o no haga. A veces ni eso, son muchas las ocaciones que Felipe Calderón y sus muchachos juegan a poner una duda en twitter para que su botrregos los sigan e inflen una tendencia atacando a AMLO. MISERABLES.

Es común, es rutinario y nos hemos acostumbrado a ello. No deberíamos, pero nos hemos acostumbrado.

Peor en tiempos como estos, en los que muchos estamos aislados, en los que todos queremos información de primera mano; veraz y a tiempo. Las noticias falsas, los chismes y las difamaciones, lo único que hacen es aumentar el pánico, la histeria y el sentimiento de desesperanza, que de por si es mucho en algunas personas.

La derecha, los panistas, los periodistas pagados por ellos, los del PRI, los influencers pagados por ellos y hasta uno que otro miserable que alguna vez fue de izquierda, se dedican día y noche a golpear a un gobierno que según los expertos ha actuado en tiempo y forma, con responsabilidad frente a una crisis que es histórica por su universalidad.

Hoy, a adversarios y compañeros, a fachos y chairos, a políticos de derecha y de izquierda, a empresarios y trabajadores, a comunicadores y comunicados; nos debe unir la premura de salir adelante y debemos alejarnos de opiniones como Calderón, Krauze, Sarmiento, Bravo Regidor, Chumel, el corrupto frente a la COPARMEX o de cualquiera que lo único que busca es beneficiarse del río revuelto y hacer suya la ganancia política o económica, que trae el COVID-19.

Hoy debemos de vencer el virus de la miseria y ser responsables en lo que retuiteamos; en lo que compartimos por Whatsapp y hasta lo que decimos en voz alta.

Se vale tener miedo, se vale desesperarse, se vale sentir que es injusta la realidad y que, como dicen por ahí, nos hayan robado el mes de abril sin siquiera haberlo empezado. Pero lo que no se vale, es desquitarnos con el de a lado, asustar al vecino o esparcir rumores que no benefician a nadie y que si pueden perjudicarnos a todos.

Informémonos en fuentes confiables. Hagámosle caso al Dr. López Gatell, a Andrés Manuel o a las autoridades de la localidad de cada uno.

Estaremos bien.

Y cuando todo esto acabe volveremos a abrazarnos…

Gerardo Ayala


Papá gobierno

Gobernaba el PRI o el PAN, el país iba mal, la economía iba peor y ni hablar de la crisis de violencia y descomposición social que todavía arrastramos desde esos tiempos.

Nosotros siempre reclamamos; siempre encontramos un trabajo deficiente en varias áreas de competencia del gobierno; los ahora opositores nos decían “Échenle ganas, el gobierno no puede hacer todo por ustedes. Salir adelante es cosa de cada uno, échenle ganas”.

Llegó el 2018, entonces AMLO ganó la presidencia. Desde que tomó el poder y aún meses antes el gobierno se volvió en el culpable de todo y en el facilitador de nada. Cada cosa mala que pasa en el país , según ellos, es culpa del gobierno federal, es más es culpa directa de Andrés Manuel. En cambio si las cosas mejoran o se controla la divisa, el logro es de las instituciones independientes o de organismos internacionales.

Ahora que nos enfrentamos al Covid19 la oposición busca revivir el término de papá gobierno; tal parece que las dependencias federales deben de decirnos cuándo hacer las cosas y hasta cómo deberíamos hacerlas; han caído en el extremo de decir “No nos cuidan”, cuando según expertos y organismos como la OMS, el gobierno de México, ha actuado con oportunidad y precisión; según las recomendaciones internacionales.

En estos tiempos no podemos esperar a ver un letrero para decidir o no si salir o quedarse en casa. Eso es tarea de cada uno; y cada quién debe procurar por su salud y la de los suyos. Luego sí, el gobierno tiene sus obligaciones, pero no es papá o mamá, para llevarnos al baño y lavarnos las manitas.

Gerardo Ayala

P.D. Tal parece que el Coronavirus en México, que solo ha matado a una persona, ha aniquilado también el feminismo de la derecha. Hoy ya se olvidaron que mujeres mueren todos los días, hoy ya se les olvidaron esas mujeres que les creyeron y que marcharon el 9 de marzo, que ya parece muy lejano. Ojalá que cuando pase todo esto, no se les olvide, lo miserable que pueden ser y cómo usan las causas, como si fuera un pañal desechable.


fotografía: Diego Simón / El Universal

Las valientes

La lucha por la causa feminista, al rededor del mundo es encomiable, necesaria y urgente. En México no es diferente. La violencia de género en nuestro país es alarmante, como todas las otras violencias. La marcha del 8 de marzo fue el escenario perfecto para que demostrarán su poder y le gritarán al mundo lo que necesitan… lo que exigen.

Miles marcharon, miles se vistieron de morado y muchas portaron con orgullo la pañoleta verde, símbolo de su movimiento. Muchas marcharon por primera vez y fueron impulsadas por ese sentimiento de crisis que los medios se han encargado de administrar en estas últimas semanas mas por golpear al gobierno que por que sean aliadas del feminismo. Caminaron de el monumento a la revolución al zócalo y lo hicieron en paz.

Cargaron sus pancartas, se tomaron fotos, gritaron consignas y vivieron un día de unión femenino como pocas veces sucede.

Sin embargo, como siempre, la derecha mandó a sus grupos de choque; encapuchadas que lo único que quieren es causar caos. Pintaron lo que pudieron, rompieron lo que quisieron y hasta se quemaron entre ellas.

Pero es justo en ese escenario de caos que generaron unas cuantas, que encontramos a LAS VALIENTES; mujeres que fueron a exigir paz pero que rechazan la violencia. Mujeres que trataban de impedir que se rayaran los monumentos, mujeres que gritaban “Con violencia no”, y que poniéndose como escudo, defendieron a las policías que cumplían con su deber de cuidar a las que marchaban y el entorno en el que lo hacían. Mujeres que incluso les repartían abrazos a las oficiales, y que entienden que todas son mujeres y que todas quieren lo mismo.

Esas mujeres son las que representan la causa, ellas que exigen con valentía pero que entienden que quemar, destruir y rayar no lleva a ningún lado. Esas mujeres que hoy fueron a trabajar y que no entienden la protesta desde la ausencia sino haciendo presencia. Pues es con su fuerza, con su valor y con su determinación como van a terminar por cambiarlo todo.

Esas mujeres que en redes sociales son llamadas alienadas solo por no compartir el odio hacia el otro género y tener ideas distintas.

Las valientes que no se esconden detrás de un paliacate, pues no van a destruir sino a construir un futuro. Las valientes que todos los días sostienen a México aparecieron y con pequeños actos simbólicos reivindicaron lo que pudo ser solo otra nota de una marcha violenta.

Qué diferentes son esas mujeres a las otras, a las cobardes, a las que buscan incluso silenciar a otras mujeres; a esas que su única intención es esparcir odio y no sembrar algo que cambie las cosas.

Gracias, VALIENTES.

Ojalá que todo cambie, por ustedes

Gerardo Ayala


Fotografía: El universal

Me arrepiento.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia, después de una lucha de muchos años. Es sin duda un líder político único en el país. Nadie puede negar su resilencia, su amor a las causas y el empeño diario en lograr liderar el proyecto que ahora encabeza. No fue fácil. Muchas voces, mucha gente, se sumó a su lucha y lo impulso a seguir aún con los panoramas más oscuros. Es conmovedor ver el respaldo de la gente hacia el tabasqueño en videos del desafuero antes de las elecciones de 2006, en el plantón de reforma y en casi todos los de sus mítines de estos años.

¡Presidente, Presidente!, eran gritos en todas sus apariciones públicas. Era un sueño para muchos, una ilusión para otros y la solución para otros tantos. Lo cierto es que después de tanto tiempo, al fin en 2018, se llegó a la meta de la izquierda de colocarse en la cumbre del poder político en México. 30 millones se unieron para que sucediera y ni siquiera el INE pudo evitarlo

La cuarta transformación está en marcha y ha luchado en todo este tiempo con notas inventadas, con medios enojados, con periodistas furiosos por falta de pago, por campañas de desprestigio pagadas desde el poder económico, por intelectuales que se quedaron sin sueldo y por una enorme campaña de bots, que todos los días trabajan intensamente, para dar una imagen de fracaso que no se creen ni ellos mismos. En redes se libra un batalla demencial y continúa que parece no tener fin. Es la derecha contra la izquierda, son los chairos contra los fachos, son los amlovers con otra los haters del macuspano. Y la cosa no parece cercana a cambiar. Se pronostica incluso, que se intensificará con el claro objetivo de arrebatar la mayoría a Morena y así quitarle capacidad de maniobra a AMLO después del 2021.

Así es el escenario y cualquiera que hiciera el análisis el 2 de julio de 2018, podría verlo con facilidad, pero hay un factor que pocos veían venir; los arrepentidos. Los hay de todo tipo, desde los que ni siquiera votaron por él y dicen arrepentirse y sentirse defraudados del cambio. Estos son simplemente gente que sin credibilidad alguna busca hacerse parte del triunfo para al mismo tiempo vender la imagen de que Andrés ha perdido gente. Estos, al igual que las fakenews son desmentidos casi de forma inmediata. Pero los que hoy traigo a la palestra son los que verdaderamente “se arrepienten”, gente que apoyó a Andrés Manuel, de forma vehemente y hoy le da la espalda; que gritan ¡Me arrepiento! y piden perdón, por según convencer a multitudes de votar por el proyecto de transformación que ganó el 1 de julio. Hay explicaciones posibles, todas igual de ilógicas y todas también igual de injustas.

La primera, creían que Andrés Manuel Lopez Obrador lo resolvería todo en un minuto, gente que de verdad pensaba era el mesías; gente que no entiende como funciona un país y lo arraigado que están los vicios en el ir y venir del país; cosas tan simples como la corrupción en todas las instituciones públicas o el mal funcionamiento de gobiernos estatales y municipales. Lo creyeron mago, aún lo creen. No lo es.  TONTOS

La segunda explicación es un poco más compleja, son personas que apoyaron toda la vida a Andrés, que marcharon, que gritaron, que se partieron la madre apoyando; asumiendo que al llegar, tendrían un puesto, un hueso. Que serían parte del gobierno y se veían encumbrados como parte de una corte que gobernaría México los próximos 30 años. Son estos los que juran que sin su apoyo Obrador hoy no sería presidente, y en algo puede que tengan razón. El problema es que nunca vieron solo por el bien general sino por el particular. Eran y no lo sabían, más de lo mismo. Querían el mismo sistema, pero para ellos, sin transformación. No comprendieron que la 4ta transformación era eso, y que lo seguirá siendo. HIPÓCRITAS. 

La tercera: los que aparentan ser opositores al sistema, y que en realidad lo único que buscan es ganar seguidores de uno y otro bando, siendo como veletas que se ajustan al compás del viento. Gente que durante la campaña y unos meses después de ella se declaró obradorista a ultranza, que defendía cualquier cosa y que incluso componía poemas, hacía videos, inventaba frases y se tomaba fotos con el candidato de Morena; pero solo por ganar followers, solo por aumentar sus cuentas. Gente que sabía el tamaño de la avalancha del movimiento de la coalición “juntos haremos historia”. Querían salir en la foto. Y hoy, pretenden ser opuestos, pero no por que en realidad lo sean, sino por que es conveniente para sus intereses y por que se dan cuenta que del lado de la izquierda el apoyo tiene que ser sin lucro y sin moche de por medio. Les conviene girar a la derecha. MISERABLES.

A ti el que no se arrepiente le digo, lo único que queda es seguir, ser parte de las benditas redes sociales. Tener firmes las convicciones y afilados los argumentos. Entender que esto es un proceso y que habrá fallas. Saber que AMLO escucha, cambia y corrige. Entender que no es mago y mucho menos mesías. Saber que el proyecto que se votó era el único posible y que en otras manos, hoy estaríamos diciendo que estaríamos mejor con AMLO, por que además es cierto. Lo único que nos queda es aferrarse a voces que en la oscuridad aún son faros de luz, que hacen verdaderos análisis y que llegan a conclusiones sanas y útiles. 

Me atrevo a citar una de esas voces para mostrar la disyuntiva en la que muchos nos encontramos:

“¿Cómo decir lo que pienso y tengo derecho, sin que venga un “odiador” a burlarse para golpear a una administración?, Yo no odio, Yo exijo como mexicana mi derecho a vivir en paz, segura. Yo no quiero que la administración caiga pero sí que cambie lo que sea necesario”.

“¿Cómo decir lo que pienso y tengo derecho sin que venga un defensor de la 4T a decirme tibia, a insultarme para defender a quien no ataco, a quien solo le exijo que cumpla su encomienda?”

@SantaRemedios

En lo personal no me arrepiento, Hoy mas que nunca estoy seguro de mi voto, orgulloso de él, y sé y entiendo lo útil que le ha sido a México en este año y meses. Hoy estoy más seguro que nunca de que Es un honor estar con Obrador.

@GerardoAyala


ONG (otro negocio grande)

Al rededor del mundo existen miles de organizaciones, que de una u otra forma buscan ayudar o componer lo que los gobiernos no pueden, por falta de presupuesto, de interés o por que a lo que se dedican es a satisfacer alguna necesidad que no es prioritaria. El trabajo de las ONG´s destaca en el mundo, brindando tratamientos que son imposibles de conseguir por sus altos precios o por que sencillamente dar uno de estos servicios, significaría absorber cantidades de recursos económicos, que dejarían a muchas otras personas sin servicios de salud.

Dichas ONG´s son organizaciones financiadas desde el sector privado por personas que son verdaderos filántropos o que a su manera, buscan una forma legal y válida de pagar un poco menos de impuestos.

En México, la cosa es un poco distinta; no en todos los casos seguramente, pero si de forma frecuente. Las ONG se han convertido en negocios redondos, que si bien, cumplen con sus objetivos sociales en el proceso se convierten en estructuras de evasión de impuestos, y por si fuera poco, algunas, patrocinadas por el mismo gobierno.

Es decir muchas de estas organizaciones funcionan con recursos públicos, lo cual no tiene el menor sentido, pues terminan por realizar lo mismo que los gobiernos deberían hacer y con los mismos recursos; así que en ese sentido la existencia de esas fundaciones es inexplicable.

El caso de FUCAM (fundación de cáncer de mama) es emblemático, pues claro que cumplen con una misión honorable, necesaria y admirable, pero su forma de existencia es absurda, pues el 100% de su financiamiento son recursos públicos. Y la fundación solo funciona como intermediario. El paso correcto, doloroso pero necesario, en consecuencia, es regresar la responsabilidad al sistema de servicios de salud pública; es hacer responsable al INSABI y al sector salud, de todos y cada uno de los tratamientos que al final, se pagan con nuestros impuestos.

FUCAM, como fundación privada, como ONG; lo que debe hacer es buscar financiarse y obtener recursos por otros medios. Hacer su trabajo para conseguir patrocinios y donativos, que le permitan continuar su labor. Desafortunadamente, en su lugar prefieren unirse al golpeteo político y por medio de comunicados tratar de vender una imagen incorrecta, en la que el gobierno de AMLO, luce como “asesino de mujeres”, cuando es exactamente lo contrario; el gobierno está buscando hacerse responsable por la vida de todas y cada una de las mujeres que en el país tienen o tendrán cáncer de mama.

Y ese es solo un caso, hay muchas organizaciones no gubernamentales que no sobrevivirían sin recursos públicos; lo cual es absolutamente opuesto a su razón de existir.

El proceso de la 4ta transformación es doloroso, pues se trata de cambiar todo lo que estaba tan mal. Cosas a las que incluso nos acostumbramos y percibimos como correctas sin serlo, al grado de entender como normal, que recursos públicos fueran desviados a organizamos privados, para resolver lo que los gobiernos deberían resolver.

@GerardoAyala


¿Quemamos México?

“Destrócenlo todo” dicen algunos, que se suman – o eso creen-  a la lucha feminista. Tratan de mostrar que ellos están de acuerdo con esta postura de reclamo en el que pintar paredes, incendiar puertas y dañar monumentos, es el único camino lógico para hacerse escuchar. La indignación es mucha, el miedo va en aumento y la percepción de una crisis es aceptada por más personas cada día. Las noticias de asesinatos, las coberturas mediaticas y los tuits flamables, aumentan esas sensaciones de que nos enfrentamos a un periodo rojo y peligroso, en el que hay pocas respuestas.

Los tuits se apresuran a culpar a AMLO y a Sheinbaum. Los tuits de los mismos, que en este año y medio de gobierno de Obrador, buscan cualquier detalle, cualquier noticia, la más ridícula de las notas o el peor de los rumores para tratar de sumar a su causa y restarle algún punto a la cuarta transformación. Hoy se dan golpes de pecho, tratando de hacer suyos todos los reclamos al presidente. Gritando que la injusticia ya es mucha, las respuestas pocas y criticando – con videos editados y declaraciones fuera de contexto- el andar de este gobierno; cuando fueron precisamente ellos, a través de gobiernos en todos los niveles, que descompusieron la estabilidad social. Es más, en estados como Guanajuato, aún sucede que el gobierno local y los municipales, no meten las manos y provocan el hartazgo y la desesperanza que lleva al camino de la delincuencia y de la violencia. O peor, meten las manos pero es contra los que gobiernan.

Es cierto, para mi Obrador ha fallado, pero no en la lucha particular de estos delitos o de alguna causa, ha fallado a la hora de comunicarlo. De pronto es cierto, el presidente necesita mostrarse firme, decir lo que todos queremos escuchar y dejar un poco de lado el discurso diario pero sin énfasis en algunos temas. Explicar de manera clara- y no coloquial- lo que en serio, todos los días se hace por aliviar las causas y terminar a corto, mediano y largo plazo con delitos de alto impacto, y que además se está haciendo muy bien. 

El país está en crisis, pero desde mi perspectiva y desde los números, es la misma crisis que lleva años suscitándose. El resultado de años y años de abandono a las clases más bajas; la falta de estudios, de salud, de educación, de trabajos y de vivienda digna han resultado en que poco a poco, la ilegalidad se ha ido convirtiendo en un modo de vida, y en ese escenario todos salimos perdiendo. Delinquir se ha hecho fácil pues no existe la sensación de castigo, de justicia. No hay miedo a la pena, pues tampoco al delito.

Los que no se explican y lamentan todos los días la creación de programas sociales, no se dan cuenta, o fingen no darse cuenta, de que el país necesita justo eso; emparejar el piso y reconstruir desde abajo la confianza y lo valores que alejen los comportamientos antisociales y los delitos. Eso se hace todos los días de manera exitosa, pero los resultados, no se verán en un periodo de tiempo corto; por el contrario tardarán más de lo que cualquiera deseamos. 

También se trabaja en lo inmediato, pero se necesita cambiar de fondo el sistema de procuración de justicia, con jueces que de verdad encarcelen al que delinque y no liberen al que tiene más dinero. Se necesitan, tal vez, penas más severas para el que mate por cuestiones de género, para el que viole y para el que asesine. Se necesita castigar el tráfico de información que se da en los ministerios públicos que no es más que otra muestra del sistema corrupto en el que andamos todos los días. Los cambios se están haciendo, pero llevan tiempo. Y claro ya no hay tiempo. Los muertos se acumulan y los rostros siguen apareciendo junto a historias que parecen sacadas de películas violentas. Ese es el México que nos dejaron. Ese es el México en el que miles han vivido desde hace al menso 2 décadas.

Lo que pasa es que ahora está más cerca.

Lo que pasa es que ahora los medios ya informan.

Lo que pasa es que el silencio ya no se compra.

Lo que pasa es que ya estamos hartos.

Necesitamos, sin duda, por un momento, dejar de lado la preferencia política; la batalla electoral. Debemos responsabilizar a cada uno y responsabilizarnos nosotros mismos. López Obrador no es mesías y no va a resolverlo todo. Pero debe resolver lo que le toca. Pero así también para jueces, ministerios públicos, jefa de gobierno, oposición, policías, maestros, directores, padres, madres, hijos, tíos. Todos

No es hora de destrozarlo todo.

Es tiempo de reconstruirnos.

Gerardo Ayala


Fotografía: EntornoInteligente

¿El violador soy yo?

La afirmación por si sola es terrible. No es cierto claro, mi educación en casa fue determinante en el sentido que la violencia hacia cualquiera es para los cobardes. Mi madre, mis abuelitas, mi hermana, mis tías, mis primas; una familia abundante en mujeres me hizo crecer con la idea firme de que las mujeres son lo mejor de este planeta. Jamás en mis relaciones personales me he atrevido al abuso físico y creo desde un acto de contrición que tampoco al abuso psicológico. Pero no estoy seguro. En ese sentido creo que a cualquier de nosotros nos hace falta deconstruirnos, reflexionar y aprender. Rearmarnos en expresiones, en dichos, en insultos; en formas, en lenguaje, en acciones y reacciones; en conductas simples de todos los días.

En los días pasados un caso de feminicidio- uno de la decena que ocurren todos los días en México- se hizo viral; la indignación colmó a todas y lo acompañaron con miedo. Es natural, la realidad de esta sociedad les dice a las mujeres que están en riesgo, que matarlas es sencillo, que varios lo hacen, que es recurrente y lo que es peor; que la autoridad hace poco por resolver esos casos que están normalizados, en este país que sangra todos los días. Ellas reclaman, maldicen, escriben, gritan. Ellas exigen que se cambie esta realidad con el único fin de vivir tranquilas. Tienen toda la razón y tienen todo el derecho…

¿Y nosotros?

Nosotros nos dividimos en varios. Nosotros buscamos de manera inmediata desmarcarnos de las afirmaciones que nos reúnen como género en culpables. Y es cierto, duele que cada uno sea señalado como un violador en potencia. Claro que duele que nos digan que los violadores, los misóginos, los “odiadores”, los “Abusadores” somos nosotros. Duele por que creemos en nuestra grandísima vanidad y nuestro tremendo ego, que somos diferentes al resto. Duele por que nos surge el orgullo masculino y por que decidimos que nadie, y mucho menos ellas, pueden señalarnos por nuestros errores. Duele por que nos damos cuenta en lo profundo, que no somos tan distintos.

Hablaré de mi caso personal… Nunca he lastimado físicamente a una mujer, nunca. Pero sí creo que más de una vez he caído en conductas que normalizan que ellas sean más vulnerables. Sí creo que más de una docena de veces he aprovechado los privilegios de ser hombre, para imponer mis condiciones. Sí, he consumido pornografía y por lo tanto las he convertido en un simple objeto. Sí, en repetidos momentos de mi vida he usado expresiones que demeritan al género femenino. Sí, en una batalla de género aún defendería al mío. 

Para estas alturas, aún estoy pensando en si debo publicar esta columna o no, por que no es sencillo, por que reconocer los errores de forma pública y en voz alta no es nada fácil. Pero también creo que es lo primero que se debe de hacer en una realidad como esta si de verdad queremos cambiar las cosas. Claro que nos hace vulnerables y claro que de una u otra forma rasga la máscara de perfección que todos queremos ostentar en público. Pero es lo correcto. Y además nunca estaríamos tan vulnerables como lo están ellas; todos los días y en cualquier lugar, algunas incluso en sus propios hogares, con su propia familia.

Debemos reconstruirnos y comprender que su lucha es justa, es necesaria y solo puede hacernos mejores.

Debemos quitarnos del camino y dejar de estorbarles, si nos estás contra ellas, ellas no te están atacando a ti; aunque tu ego te haga pensar que sí.

Debemos dejar de responder con comentarios que las desvían de su objetivo y en su lugar prestar nuestro silencio, para que su voz se haga más fuerte

“Nos matan a todos”, es el argumento para minimizar estos casos.

Es cierto, pero a ellas las matan solo por su género. Y es nuestro género quien lo hace.

Sí… el violador soy yo, y eres tú, y somos nosotros, y son ustedes, y son ellos.

Al final lo somos todos, hasta que todas estén a salvo, hasta que todas tengan garantizado seguir viviendo.

@GerardoAyala


Debemos defender al INE

Durante los pasados meses, las voces más representativas de la oposición, se han levantado, preocupadas por que, según ellos, el INE se enfrente al terrible proceso de transformación que el gobierno de AMLO pretende aplicar a todas las instituciones del país. Según ellos, habría que preservar la independencia del instituto y no dejar que “el dictador”, como se regodean en llamarlo, pueda trastocar la autonomía del órgano electoral, que a su juicio es garantía de democracia.

“Gracias al INE, ganó su mesías” dicen los bots de twitter para tratar de defender la veracidad de una institución, que ha validado y sigue validando fraudes a los largo y ancho del país. Es cierto, en las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador, ganó, pero no gracias al Instituto. Remontémonos a 2006, cuando el INE en calidad de árbitro electoral tuvo que salir a darle el triunfo a Obrador. En cambio y de la mano de Carlos Ugalde, salió a poner duda sobre el resultado y más tarde a dar el veredicto más vergonzoso en la historia electoral del país. Hubo fraude. Un enorme fraude que comenzó Fox, buscando el desafuero del entonces jefe de gobierno. Un fraude en el que intervinieron poderes pollitos y económicos. Los peores se unieron para derrotar al candidato que prometía cambiar la forma de hacer política en México y darle voz a los que nunca hasta entonces la tuvieron. Y todo eso con el consentimiento del INE (entonces IFE).

Pero no fue el último caso; En su historia también está el vergonzoso capítulo de avalar el excesivo gasto de campaña de Enrique Peña Nieto. Millones y millones de pesos gastados en imagen, en regalos, en artistas, en eventos; en una cínica y descarada compra de votos, que quedó en pequeñas multas, ni siquiera por el valor de lo gastado y sí; una vez más el fantástico órgano electoral, en complicidad con el Tribunal, avaló la elección del priista.

También, podemos hablar de 2017, cuando en el Estado de México, Alfredo del Mazo con la ayuda de la estructura corrupta que lleva años gobernando la entidad, y con la ayuda del PAN y el PRD, hicieron un cochinero electoral, que el árbitro fingió no ver, impidiéndole a Delfina Gómez Álvarez, obtener la gubernatura y dejando al PRI otros 6 años. 

Y ya en 2018 la historia no fue distinta: Margarita Zavala, fue la gran protagonista de otro capitulo surrealista en la historia de vergüenzas del instituto electoral; cuando con copias fotostáticas sustentaron la candidatura independiente de la esposa de Felipe Calderón. En Puebla; los Moreno Valle, se robaron la elección de forma descarada; tratando de perpetuarse en el poder a través de Marga Erika Alonso; al mas puro estilo de los Calderón-Zavala. Y el INE, calladito.

En la elección presidencial, el INE, no tuvo más remedio que avalar la elección de AMLO. 30 millones de personas salimos a la calle a votar por la 4ta transformación y esta vez, no íbamos a dejar que nos robaran el cambio que esperamos casi 13 años. Aún así ensuciaron la elección en Coyoacán hasta robar la alcaldía y trataron de ensombrecer el triunfo de Morena, con supuestos de un fideicomiso, que más tarde se aclararía.

El INE debe defenderse, sí. Por que en un país como el nuestro resulta fundamental tener un órgano electoral suficiente, autónomo y objetivo. Peor hoy el INE está lejos de ser eso. El Instituto Nacional Electoral, necesita reformarse; deshacerse de Lorenzo Córdova, de Ciro Murayama y demás personajes oscuros, quienes apenas ayer por la tarde madrugaron a todos, imponiendo por 6 años más a su secretario ejecutivo Edmundo Jacobo Molina, quien además lleva ya 11 años en el cargo.

Necesitamos defender al INE, y la mejor forma de hacerlo es transformarlo. Es quitarle toda la porquería que aún abunda ahí adentro y dejarlo listo, para tener veracidad en las elecciones de 2021.

@GerardoAyala


fotografía: uniradionoticias.com

Amor a los toros

Aún recuerdo el olor a puro de la última vez que caminé por las calles cercanas a la Plaza México; el ambiente es festivo; abundan los sombreros en las cabezas que casi nunca han usado uno, también los puestos ambulantes que venden banderillas, monteras, capotes y todo tipo de alimentos; tacos, tortas, tostadas, hamburguesas, papas, nieves, hot dogs y hasta quien ofrece pequeñas botellas de vino. Eran más o menos las tres y media de la tarde y las calles estaban tan llenas que era difícil caminar entre los puestos; no era para menos, el cartel era de primera. Un mano a mano entre Rafael Ortega y El Zotoluco, ambos máximos exponentes del toreo mexicano, en aquel tiempo; ni siquiera recuerdo el año.

Yo iba emocionado, admito en ese momento de mi vida, adoraba ir a eventos del estilo y era recurrente asistir a la plaza, pues un buen amigo de papá, era dueño de un palco y nos lo prestaba seguido. El simple hecho de compartir con él y verlo disfrutar de las suertes; que me explicara a fondo la faena y que en cada momento le brillaran los ojos con los reflejos de las lentejuelas de los trajes de los toreros, me causaba mucha emoción. Fue una buena tarde para ambos toreros; según recuerdo sacaron en hombros a Ortega y el Zotoluco cortó un par de apéndices, después de innumerables gritos de “ole”, que nos dejaron irritada la garganta, con su último de la tarde.

Al terminar la corrida, un primo, aún más asiduo a la plaza que nosotros y con varios amigos entre los trabajadores del lugar, nos ofreció la oportunidad de bajar a los establos. Ahí el ambiente era todavía más peculiar, la gente dejó de ser aficionada y caminábamos entre subalternos, picadores, caballos y toreros; el Zotoluco firmó mi cartel y Rafael Ortega – amigo de mi primo- pidió que arrancarán un par de banderillas del cadaver del último toro, para que me las llevara a casa. Fue un tesoro en mi colección, durante mucho tiempo. 

“Amo los toros” decía entonces.

Estaba equivocado. 

Lo que en verdad amaba era el ambiente,  la comunión de un montón de personas felices. Lo que en verdad amaba era convivir con mi padre. Amaba la fiesta, es posible; la luces, las música, los rituales, la adrenalina de toda una plaza gritando vítores al mismo tiempo. Pero nunca y de ninguna manera, amaba al animal que estaba muriendo desangrado en la arena. Era muy niño para darme cuenta, o tal vez me daba cuenta pero decidía hacerme de la vista gorda en aras de seguir disfrutando del momento.

Hoy, en retrospectiva me doy cuenta que lo que aplaudía era un rito de muerte, una masacre pública que se disfraza de arte. El asesino es el torero, sí. Pero los demás somos cómplices del sufrimiento de la criatura que corre y ataca por instinto, que está asustado, que tiene miedo y que solo usa su cuernos, para tratar de defenderse de las agujas que se le clavan en el cuerpo, de la gente que lo engaña una y otra vez para que corra de un lado a otro. Que lo atosiga con un ruido insoportable y con luces que le llegan en todas direcciones. Que se burla, que lo humilla.  Aquella pelea, aunque mucho intentan disfrazarla de una pelea justa entre el burel y el torero, es la batalla más injusta del mundo, pues es un animal asustado, contra decenas de miles de personas que solo quieren y aplauden su muerte. 

Es increíble que hoy, aún exista gente que aplauda y siga gustando de una corrida de toros. Que a pesar de los años que tenemos de ser supuestamente civilizados sigamos defendiendo algo tan cruel con argumentos tan estúpidos como “Amor al toro”, “Viven libres toda la vida”, “Son consentidos”, “Pueden indultarlos” o “Es parte de nuestra herencia cultural”. Eventos como esos, en una sociedad medianamente pensante deberían estar prohibidas; hoy deberíamos luchar para extinguirlas y que en México queden solo como un recuerdo. 

Basta ya de lastimar al indefenso, de sentirnos superiores.

El amor a los toros, no es matarlos lentamente, sino protegerlos de morir, lo más pronto que podamos. 

@gerardoayala


Imagen: torosennavarra.com

Coronavirus

“No los traigan”, decían en mi familia, sobre el caso de los mexicanos que pidieron ser repatriados desde China. Es posible que muchos piensen así. Que ante la posibilidad de contagio, la mayoría pretenda poner distancia con todo lo que signifique estar cerca de un enemigo silencioso, invisible y que muy pocos entienden. Genera terror saber que en el mundo hay algo diminuto que puede matarte, algo del que todos tienen una versión; cifras, causas consecuencias y síntomas; casi todas inventadas y muchas obtenidas de fuentes poco confiables como: el vecino, un artículo de internet o una cadena de whatsapp . Y es que, contrario a otras épocas, la información abunda, pero eso no es necesariamente bueno si no se combina con una buena dosis de criterio.

El 31 de diciembre de 2019 se comunicaron a la OMS varios casos de neumonía en Wuhan. Se trataba de un virus distinto a los conocidos, lo cual resultó preocupante, porque no sabían de qué manera podía afectar a las personas. Y a partir de ahí, el miedo hizo su trabajo, y el mundo, poco a poco ha caído en un pánico, lento pero progresivo. Las imágenes que llegan desde la televisión internacional y los pocos datos que se ofrecen, impactantes todos ellos, contrastan con los videos que circulan en redes sociales que, algunos ni siquiera se saben si son realmente de la ciudad china o de algún otro lado y de algún otro tiempo.

La crisis es real, y la Secretaría de Salud mexicana, ha dicho a través del Dr. Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, que el virus tarde o temprano llegará a México, pues es inevitable el contagio. Pero eso no implica, de ninguna forma, caer en pánico y realizar, a razón de el, acciones que dañen a terceros. Habrá, como en la crisis del AH1N1, que tomar medidas y estar pendientes de las recomendaciones para evitar la diseminación de la enfermedad, pero lo más importante sin duda, es guardar la calma y alejarse de informaciones apocalípticas que entienden en esto, una oportunidad para alarmar a la gente, sin razón alguna.

Nadie puede estar preparado para una crisis del tamaño que significa una epidemia de un virus desconocido. Ninguno sabemos a ciencia cierta lo que haríamos en caso de contagio de uno de nuestros seres amados o de nosotros mismos, pero todos podemos ponernos en lugar de las personas que están más cerca del riesgo de contagio. Podemos imaginar su miedo, sus ganas de salir corriendo y la enorme desesperación de que el país en el que decidieron vivir, no los dejen salir, y el país en el que nacieron, no los quiera recibir. “Imaginen por un segundo que los ciudadanos mexicanos fueran sus hijos”, les dijo alguien a mis tíos, cuando aseguraban que lo mejor era que los compatriotas de Wuhan, permanecieran allá. Entonces sus risas fueron nerviosas y cambiaron de tema.

Ese, es el asunto en estas circunstancias que tocan de manera profunda nuestros peores miedos; que nos reducen hasta lo más básico de nuestra biología y nos muestra vulnerable ante algo tan pequeño. Cercanos al contagio o no, con el poder para tomar decisiones o no, dando nuestra opinión o guardando silencio; buscando información o compartiendo la que ya tenemos; lo importante es no perder nuestra humanidad. Y entender que a veces es más peligroso el miedo, que el mismo virus.

@GerardoAyala


imagen: Cambridgemask.com

La empatía en los tiempos del cólera

Vivimos tiempos complicados. Basta tener una arroba de twitter o una cuenta de Facebook para verlo. Todos los días surgen temas: en política, en deportes, en espectáculos o en cualquier otro escenario; que nos permite darnos cuenta, que a través de las redes sociales, opinamos de forma indiscriminada, sin el menor grado de empatía. Son comunes las mentadas de madre, las críticas a la foto de perfil del que expresa una opinión contraria a la nuestra, o los ataques personales basados en chismes y rumores, si al que se quiere evidenciar es una persona más o menos famosa. Es más, ni siquiera la opinión de expertos o de gente que entiende sobre un tema especifico y demuestra con pericia y pruebas su dicho, tiene la credibilidad suficiente para rebatir a algunos usuarios de las redes sociales, que con base en insultos, matizan su falta de argumentos.

Nos resulta fácil tratar de destruir con palabras las carreras, el prestigio e inclusive a la persona misma, con tal de ganar likes o de tratar de imponer nuestro punto de vista. Llegamos, a veces, al extremo lamentable de amenazar a las familias. Nos resulta gracioso poner fotos de sicarios o de personas que sostienen armas, como respuesta a comentarios con los que no estamos de acuerdo. “Es humor”, “Es twitter”, “Pinche generación de cristal”, llaman a los que se atreven a quejarse de ese diálogo corrosivo que tuit a tuit va subiendo de tono, hasta que alguien cansado bloquea al otro, o lo denuncia para que cancelen su cuenta.

De pronto parece – y nos quieren vender- que estamos francamente divididos; que la polarización desde las preferencias políticas – Los que apoyamos a AMLO contra los que no- se han hecho tan grandes que la brecha ha salpicado otros muchos temas. ¿Pero es cierto? o ¿Esa división siempre existió y es ahora que nos damos cuenta de ella?.

Tomemos como referencia la película Cindy La Regia, película mexicana basada en la tira cómica de Ricardo Cucamonga; que hace referencia a una muchacha de clase alta de Monterrey y todos los clichés que supone vivir en el norte del país, en una familia acaudalada y que siente cierto revanchismo con el chilango típico que le llama “provincia” a su ciudad. La cinta de ninguna forma, creo, que pretenda ser una obra maestra de la cinematografía o una referencia de lo que es el cine nacional; es sencillamente una película bien producida, con un buen reparto y muy bien comercializada; lo que hace que a diferencia de muchos otros filmes mexicanos haya llegado a muchas salas del país, en muy diversos horarios. La forma de tocar de forma natural y sin exageraciones, temas complejos como el lesbianismo, le merecieron muy buenas críticas, de algunas personas que regularmente no apoyan este tipo de cine y que son respetados como críticos. Sin embargo, esos buenos comentarios, produjeron una serie de insultos y suposiciones, contra la cinta, actores, director y todo aquel que dijera “Está buena” o “Deberían verla”. Y eso nos lleva a un tema bien interesante que es “leer lo que no está escrito y nadie escribió”.  Pues una recomendación no hace un mal comentario a otra cinta, es decir, nadie que recomiende Cindy la Regia, está diciendo al tiempo que es mejor que “Jo Jo Rabbit” o que “1917” o “mujercitas”; que son sus competidoras por horarios y fechas de estreno. Simplemente están diciendo que es una buena película y que pasas un buen rato al verla.  Creo, que en ese sentido nos hace falta entender que nuestro gusto, no es el gusto universal, que nos pueden gustar más cosas que no sean solo las socialmente aceptadas o las que nuestros cercanos aceptan; pues nada tendría de malo disfrutar de una película que seguramente está lejos de la calidad a las nominadas al Oscar, pero que puede ofrecer 2 horas de entretenimiento sano. Creo que nos hace falta empatía para comprender, que los que hicieron la película van a defender su trabajo a capa y espada, y que muy probablemente, se sienten orgullosos de el, así como seguramente muchos de nosotros lo estamos con el nuestro.

Otro muy buen ejemplo es Nicolás Castillo, delantero chileno del Club América, que debido a una lesión fue intervenido hace unos días, y que por complicaciones de la misma cirugía sufrió una trombosis. De inmediato, cuando se informó esta situación surgieron comentarios en todos los sentidos, desde los que le deseaban pronta recuperación y lamentaban su condición, hasta los que pedían – enojados con las constantes lesiones y bajo rendimiento del chileno- “que se le durmiera como a los perritos” o le deseaban que nunca más volviera a jugar futbol. Es cierto que los deportistas, muchas veces y debido a la fama, al dinero que ganan o a la exposición que sufren todos los días, parecen lejanos de la sociedad común, pero son y siguen siendo SERES HUMANOS. Personas que al final del día están tan expuestos a un problema de salud como todos y que su trabajo, aunque muy divertido y bien remunerado, también tiene riesgos, diferentes a los de la mayoría. Lo increíble es que las reacciones sean de odio o de malos deseos; que caigamos en las sospechas de si Nico, finge estar lesionado o no se cuida lo suficiente, cuando es evidente, a todas luces, que él mismo, no podría desear estar en esa condición que pone en riesgo su carrera y su vida.

Como vemos, la división no solo es en preferencias políticas, y todavía más, no es a raíz de las diferencias políticas. La división está y siempre estará, pues somos muy diferentes uno del otro, incluso entre los que pensamos similar en algunas cosas, podemos no estar de acuerdo en otras y o estar de acuerdo en la mayoría pero diferir en alguna. Lo importante es encontrar las coincidencias y tener siempre, antes de responder, una pizca de empatía.

@GerardoAyala