La misma piedra

Al parecer, al menos en algunas partes del país, la Jornada Nacional de Distanciamiento Social, está por llegar a su fin y en su lugar nos viene una Nueva Normalidad.

Claro, el virus sigue ahí y el peligro también. Las muertes por Covid 19 seguirán, pero según los cálculos de nuestras autoridades de Salud, la curva irá en descenso en los próximos días.

Es importante no tropezar con la misma piedra, no regresar y con falsos triunfalismos pensar que lo hemos logrado y que todo puede ser como antes; Los saludos deberán de cambiar y alejarnos al menos por un tiempo de los besos, abrazos y apapachos con todo mundo. Por ahora será mejor un cortés buenos días y seguir conservando la sana distancia, en cuanto se pueda.

No es hora de abarrotar restaurantes, ni plazas públicas, ni de salir a pajarear todos los días sin motivo. Lo que se pide es congruencia y civismo de la población. Que se entienda que la pandemia sigue y seguirá, al menos hasta que se encuentre una vacuna, un remedio o la mayoría de la población haya pasado por las garras del Coronavirus (lo que pase primero) y que la reapertura de negocios; restaurantes, centros comerciales y otros, se hace para amortiguar el golpe económico, que ya de por sí es bastante fuerte.

No caigamos en lo mismo que los desesperados en Francia, que hicieron cola para entrar a un ZARA, tratemos que esta pandemia nos enseñe que el consumo irracional, es en parte consecuencia de esto que estamos viviendo.

Lo que sí, es que ojalá sigamos siendo empáticos. Durante esta cuarentena, tuve la fortuna de tropezarme con ejemplos muy gratos de humanidad, que nos reivindican a todos y que nos dan esperanza; la comunidad de Twitter unida para conseguir una medicina o el señor que regaló una bicicleta a un repartidor que se la habían robado; las personas que hicieron despensa y las regalaron a quienes lo necesitaban o las mesas fuera de los comercios en donde la gente que compraba, depositara un producto, para que se lo llevara alguien que tuviera necesidad del mismo.

Gracias, si durante esta época tú has tenido un detalle así. No sabes lo importante que es para los demás sentir una abrazo lejano, una sonrisa solidaria o que simplemente no están solos en el mundo. Ojalá que lo sigas haciendo y si no lo has hecho, aún estás a tiempo; vivimos en un mundo complicado, en el que todos seguiremos necesitando de todos.

@GerardoAyala


Bendita ignorancia

Mi médico y yo nos conocemos desde antes de que naciera mi hijo, o sea, llevo al menos una tercera parte de mi vida dejando la salud de los míos en sus manos.

Confío plenamente en él. Hemos llegado a tal nivel de confianza y familiaridad, que me es posible asegurar que no sólo tenemos una relación de doctor-paciente: somos amigos.

Y como tales, en más de una ocasión hemos conversado sobre infinidad de asuntos. Y en más de una ocasión, hemos llegado a la conclusión de que las personas que no piensan, que no razonan, son mucho más felices que quienes sí lo hacemos. 

“Bendita ignorancia”, dice él cuando me quejo, por ejemplo, de la inconsciencia de mis vecinos. 

Y es innegablemente cierto.

Justo en este momento puedo escuchar como hay varias personas en la calle, afuera de mi casa, enseñándole a un niño a andar en bicicleta. Oigo el sonido de la chicharrita (timbre), los aplausos y los vítores. 

Es posible inferir que después de varios días de chillidos, ha logrado mantener el equilibrio. En otras circunstancias, seguramente me parecería un evento equis. Anodino. Gris. 

Pero justo hoy, en lo que se nos ha dicho que es “el pico de la curva”, me parece algo tremendamente irresponsable. Absolutamente estúpido. Idiota.

Mi mente no puede concebir tal nivel de insensatez e imprudencia. Considero que es de lo más deleznable poner la vida de sus hijos en riesgo.

Y sin embargo, también me parece envidiable vivir sin miedo. Sin preocupaciones. Sin pensar que estamos enfrentando una situación de vida o muerte. Sin sentir que cada día encerrados perdemos 24 horas de potenciales experiencias que se han quedado en pausa sin que podamos hacer nada al respecto…

Así pues, ante estos eventos, sólo me resta llorar un poco por la frustración de ver que la gente no entiende y eso puede derivar en que se tarde más tiempo en aplanar la curva de contagios o reír y una vez más darle la razón a mi doctor:

Bendita ignorancia.

@mirrrrimiau


LO QUE NO SE APLANA…

Es la barriga consecuencia del encierro.

Lo que sí se aplana es la curva de contagios de Coronavirus.

Eso no significa que va a desaparecer. Significa que al haber menos diseminación persona a persona del virus, habrá menos riesgo de que se saturen las terapias intensivas de los hospitales y de que haya personas que fallezcan por falta de espacio o por falta de buenos equipos.

El Coronavirus va a seguir entre nosotros pero tenemos buenas noticias.

Primero, lo ya mencionado, curva que se aplana gracias a la respuesta del pueblo de México a la insistencia del Sector Salud a quedarnos en casita.

Segundo, gracias a la pandemia, nuestros hospitales públicos quedarán super bien equipados pues se ha comprado y obtenido por donativos de otros países, equipo indispensable del cual se carecía en muchos, muchos de los hospitales de nuestro país el Sector Salud había sido prácticamente abandonado.

Tercero, saldremos de esta pandemia con muy, muy buenas cifras en cuánto a mortalidad con todo y que la ardorosa oposición insiste e insiste que se maquillan cifras y que se esconden los fallecimientos.  No obtuvieron el desastre que esperaban y andan que no se la acaban de lo ardido. Zopiloteando cifras de defunciones, esperando éstas aumenten para (en su retorcida mentalidad) la gente diga, “ellos sí sabían cómo”. Están de risa.

Cuarto, los paisanos incrementaron, con todo y la crisis, la cifra de remesas que envían a nuestro país y ese dinerito, paliará en algo la crisis que la tal pandemia nos ha ocasionado.

Y quinto, las reservas internacionales aumentando como nunca antes. Pueden leer (es de gratis) la noticia con cifras y todo, en La Jornada del 6 de mayo, así que entre tanta noticia mala que acontece y nos absorbe la energía día con día, hay que enaltecer lo bueno, que nos levante el ánimo y despierte la alegría.

Mucha gente ha perdido seres queridos, empleos, modos de subsistir, amigos. Tristeza e incertidumbre reina en el mundo y en nuestro país. q Valoremos lo bueno y pensemos que vamos saliendo, poco a poco, pero saliendo de la mejor manera posible, de este grave problema global. Toda crisis deja enseñanza y estoy cierto que saldremos muy fortalecidos de ésta.

 Y como dijeron Serrat y Sabina:

Tenemos memoria, tenemos amigos,
Tenemos los trenes, la risa, los bares,
Tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
Tenemos moteles, garitos, altares

Muchas, muchas cosas más que valen la pena!!!

Paco Casillas.

   


Paranoia

Como saben, tuve y todavía tengo, una cierta molestia en la garganta.

Me duele. En un primer momento, temí lo peor en tanto que he sido la responsable de salir a hacer las compras para mi hogar pues soy la persona adulta con teóricamente menos riesgos.

Tengo una imaginación muy creativa que gusta de inventar mil cosas, pero –desgraciadamente-  suele divertirse elaborando los más abigarrados y dramáticos escenarios.

Eso implica que un síntoma que para muchos podría ser insignificante, irrelevante, absolutamente anodino, en mí produce que se activen todas las alarmas. Se encienden los focos rojos, empiezan a sonar sirenas y hago un repaso de todo lo malo que podría acontecer si en efecto tengo el Coronavirus.

Me dije a mí misma que no puedo darme el lujo de enfermar y morir. No aún, pues mi hijo es todavía un adolescente que, desde mi perspectiva, necesita una guía amorosa que le indique lo que es correcto y lo que no. 

No en estas circunstancias, porque que mi hermano está lejos y mi mamá no podría soportar semejante dolor sin la compañía de alguien que la comprendiese plenamente. 

No ahora que estoy convencida que el futuro puede ser algo extraordinario, realmente digno de ser vivido.

Así pues, me puse a llorar.

Lloré de miedo. Lloré de tristeza. Lloré de desesperanza. Lloré pensando que la vida es injusta. Le dejé un mensaje a mi médico en whatsapp y me senté a esperar su respuesta.

Como no contestaba y yo no quería que mi familia se diera cuenta de mi angustia, pero como también tengo claro que mi pecho no es bodega y tenía que desahogarme, dejé un mensaje en twitter, mi diario –no tan- secreto desde hace años. 

Y luego hice lo que suelo hacer: me evadí.

Me puse a trabajar en un par de archivos que tenía que revisar. 

Así pasó un buen rato hasta que por fin me contestó el doctor. 

A grandres rasgos, me dijo que había únicamente dos opciones: o daba por hecho que tenía Coronavirus y me iba al hospital, con todo el riesgo que eso implicaba, o me calmaba y vigilaba los síntomas al tiempo que tomaba dosis fuertes de los medicamentos que siempre tengo en mi botiquín homeopático. 

Opté por lo segundo. 

-Si llegases a ver que tienes fiebre mayor de 38 grados y no puedes respirar, entonces me hablas y vemos qué hacemos. Pero primero tranquilízate. Es normal asustarse, pero si somos honestos, aún cuando enfermaras es poco probable que tengas un descenlace fatal.  Sólo cuídate y haz todo lo que ya sabes que funciona cuando tienes un resfriado.

Decidí que la opción dos era la más prudente. Empecé con las gotas y las pastillas, hice gárgaras y tomé un thé de gordolobo con miel y limón. 

Dormí bien.

Y amanecí mejor. 

El dolor persiste pero no tengo alguna otra molestia, lo cual es francamente tranquilizador.

Después chequé mis notificaciones en tw y puder ver que varias personas han sentido también algo parecido. Me aconsejaron calma y me dieron algunos remedios caseros, lo cual agradezco profundamente.

¿Saben? Me hicieron sentir acompañada y comprendida. Me ayudó que me compartieran sus experiencias en ese sentido.

Recordé cuán importante es cuidar la salud física, pero también la salud mental. Ante un escenario como el que estamos viviendo, solemos estresarnos y a veces la mente nos juega malas pasadas. Es común. No se auto regañen si les sucede. 

Mejor consulten a su médico de confianza, hablen con algún amigo y sean comprensivos y empáticos con ustedes mismos.

Para finalizar: estamos a pocos días de llegar al pico de la curva de contagios, les suplico que se cuiden muchomuchomucho.

Quédense en casa.

Cada vez falta menos para que nos volvamos a abrazar.

@MishaBishhha


Las familias

Un espacio en el que convivían tres generaciones: la abuela, la madre, las hijas. Esa fue mi familia durante 17 años. Una de los cinco hermanos de mi madre, a la que realmente asumo como mi tía, invariablemente presente; y luego sus hijos, mis únicos dos primos, a pesar de que haya bastantes más.

Hoy, somos mi hija pequeña y yo.  Hasta hace medio año había otra persona con nosotras. Éramos parte de una familia inmensa. Tenemos planes de volver a ser tres, si es que un buen gato así lo dispone.

Y así, supongo, las familias cambian. No en todas habrá personas de la tercera edad, ni más de un adulto, ni adolescentes, ni infantes. Todas con necesidades y aspiraciones diferentes, algunas con miembros que no son de la misma especie. El concepto se mueve, se adapta, se estira, tratando de cobijarnos a todas. 

Comprendo que nuestros lazos más originarios permanecen aunque se rompan.  No depende de mí, no lo puedo cambiar. Soy madre, sobrina, hija, prima, hermana, nieta -de alguna u otra forma, en la presencia y en la ausencia. Hay personas que ya no  no están en este mundo, hay otras que simplemente ya no están en mi corazón. 

Estoy consciente de la importancia de observar  las medidas de distanciamiento social, pero no me parece que en ellas se esté considerando que, más allá de quienes las conforman, cada familia vive y sobrevive de maneras bien distintas.

Trabajo y salario dignos no son lo común para todos; poderlos conservar en estos tiempos es algo verdaderamente prodigioso. Techo, alimentación, educación, servicios son aspectos básicos de la vida que muchas personas siguen sin disfrutar, y de todas maneras hay que regresar a las aulas de manera remota, como si eso fuera una verdadera solución para las familias con hijas e hijos en edad escolar.

¿Qué vamos a hacer para que todas las familias tengan la oportunidad de cumplir con lo que recomiendan las autoridades durante las siguientes semanas? ¿Vamos a sacrificar a quienes viven al día? ¿Les llamaremos tercos, inconscientes, “pobres porque quieren”? ¿Qué necesitamos para que lo mínimo básico ya deje de ser inaccesible para tantos? ¿Qué se requiere para que los funcionarios y los dueños del dinero sientan en su piel la realidad de este país?


El vaso medio vacío… O medio lleno

Es oficial: habremos de estar confinados hasta el 30 de mayo.

Aproximadamente 45 días más. Después de un par de semanas viviendo esto del distanciamiento social, empezamos a acostumbrarnos a salir en contadísimas ocasiones. (Evidentemente hablo de los que tenemos el privilegio de trabajar en actividades que se pueden realizar desde casa, no de quienes por desgracia aún deben salir todos los días a ganarse el sustento.

Menciono a este sector de la población porque es con el que estoy más en contacto). En fin… lo cierto es que me sorprende la capacidad de resiliencia que están demostrando. Muchos empezaron la pandemia llenos de incertidumbre. Otros tenían miedo y abiertamente lo confesaban. Algunos más estaban enojados pues vieron cancelados sus planes: el viaje, la cita, el concierto. Todo eso se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

Y sin embargo, con el paso de los días, le están hallando el lado positivo a esto. Justamente hoy vi en Twitter tres ejemplos que me hicieron darme cuenta de que no son las circunstancias las que  hacen sentir mejor o peor,  sino la actitud con la que las personas se enfrentan a una misma situación.

Vi a un señor que subió la foto de la bufanda y el gorro que ha estado tejiendo estos días. No creo que lo haya pensado aún, pero igual podría convertirse en otra fuente de ingresos. Vi a una abuelita compartir el video donde sale ella misma dando clases de repostería a sus nietos. Vi a una chica difundiendo los poemas que ella declamó, a pesar de que hace unos meses aseguraba que su voz nunca le ha parecido hermosa. Me dio mucho gusto saber que hay quienes se están atreviendo a experimentar cosas nuevas. Me alegró darme cuenta que hay quienes son capaces de compartir generosamente sus conocimientos, sin esperar otra cosa que una sonrisa. Y me emocionó aún más el notar que este tiempo libre forzado también está sirviendo para que algunas personas venzan sus miedos y sus complejos…

Se están permitiendo ser ellas mismas. Y qué bonito es eso. Ojalá todos aprovechemos esta cuarentena para descansar si es necesario, para relajarnos, para decir adiós a viejos hábitos perniciosos, para apapachar a nuestros seres queridos pero sobre todo para crear momentos que en el futuro nos permitan recordar lo valientes y lo fuertes que somos.

@MishaBishhha


Oda a tu ausencia

Estoy usando tu bufanda de rayas como almohada. Sí, esa que siempre destacó en tu guardarropa monocromático.

Creo que aún huele a ti, pese a que ya hace semanas que te fuiste.

También uso el anillo que dejaste en el buró. Me queda bien, se ve lindo en mi mano.

La verdad es que te extraño.

Me haces falta.

No son sólo tus piernas de futbolista, tu espalda ancha y poderosa, tus ojos traviesos, tus manos frías, grandes y fuertes, tu lengua inquieta, tu saliva deliciosa, tu sudor sicalíptico, tu boca sensual que me ha regalado tantísimos besos y orgasmos… 

No, no es sólo eso.

No es sólo tu cuerpo en mi cama. 

No es sólo el placer, sino la calma.

La tranquilidad, la paz que sentí a tu lado desde que hablé contigo por primera vez.

Echo de menos caminar a tu lado con los dedos entrelazados.

Echo de menos cuando te contaba un mal chiste y me decías que no tenía ni gracia ni timing, pero acababas riendo a carcajadas.

Echo de menos esas largas conversaciones que teníamos antes de dormir, donde desnudábamos el alma.

Echo de menos tu mirada comprensiva cuando me veías rota.

Echo de menos el que supieras que estoy triste tan sólo con verme a los ojos o con escuchar mi voz. 

Echo de menos la magia que tenías para alegrarme la mirada y cambiar mi ira por sonrisas en exactamente 45 segundos.

Echo de menos tu sarcasmo, tu cinismo, tu ironía… 

Echo de menos salir a pasear juntos a nuestros perros y ver la cara de terror de los chihuahueños de los vecinos.

Echo de menos tu sensatez, tu prudencia, la frialdal con la que analizabas la política y la templanza con la que me explicabas las cosas que no entiendo.

Echo de menos que respetases mis silencios y que aguardases pacientemente a que yo saliera de mi caparazón.

Echo de menos la complicidad fraterna y el lenguaje secreto que creamos para decirnos cosas lascivas frente a todo el mundo, sin que nadie pudiera sospecharlo.

Echo de menos tus brazos, el oasis más seguro cuando quería perderme del mundo y recuperar fuerzas para seguir luchando.

Echo de menos dormirme en tu regazo oyendo los latidos de tu corazón.

Ojalá estuvieras conmigo y no en donde estás, para siempre lejos de mí.

Ojalá te hubieras quedado en casa.

Ojalá.

@MishaBishhha


ALTA TRAICIÓN.

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad deshecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

-y tres o cuatro ríos.

José Emilio Pacheco.


Así lo posteo de nuevo y así lo entiendo. No se puede amar a toda la humanidad aunque así se nos diga. Tampoco a todo el país, es abstracto, inasible como lo dice Pacheco, ni siquiera a todo el estado. Pero sí se puede amar, o al menos ayudar, al prójimo cercano a ti: Al viejito que cuida carros. Al bolero sin empleo. Al que vende El Debate y se le cayeron las ventas pues no hay carros en la calle. A los meseros que están sin chamba. Al que vende frutas y tiene cerrado el puesto. En fin, a quién tienes cerca y están en una situación más precaria que la tuya. Eso, a mi entender dice el poema de Pacheco de manera metafórica.

Y es ahí donde podemos hacer la diferencia. No se requiere ser un gran empresario para ello. Se requiere solo regresar a la vida comunitaria de la que tan alejados estamos. Hacer una cooperacha, juntar unos centavitos y comprar lo que alcance para unas despensitas o lo que se considere. No vamos a salvar el mundo. Vamos solo a ayudar un poco a quiénes la estén pasando más mal que uno. Pero así, todos unidos, en algo a simple vista tan pequeño, en un descuido, salvamos el mundo.

Un pequeño grupo de personas anónimas todas ellas (yo no figuro entre ellas para que no se crean que me estoy echando porras) me envían éstas fotos con el fin de publicarlas e incentivar a otras personas a organizarse en lo que les sea posible y ayudar siempre y cuando esto les sea posible.

Yo les doy gracias anónimas por ser inspiración, esperando un efecto mariposa. Que las buenas acciones se multipliquen pues es sabido que siempre se recibe lo que se da.

Paco Casillas.

PD: Dejo video de cantar a la alegría en estos días en que el mundo se ha tornado triste y los problemas pareciese se multiplican. Saldremos adelante y con mayor fortaleza que antes!!


No quiero volver

Soy afortunada. Mi hija pequeña y yo hemos estado en casa durante las últimas dos semanas.  Tengo todo lo necesario para trabajar de manera remota. He conservado mi salario íntegro. He podido continuar con mis estudios de manera remota. Tengo luz, agua, internet, comida y un amplio y luminoso lugar en donde vivir. 

El que yo pueda continuar con una vida prácticamente normal -hasta ahora- es un lujo. El que cualquier persona tenga esta misma posibilidad, es un lujo. Algo que debiera ser el estado mínimo de subsistencia de cualquier ser humano es un lujo. 

Soy absurdamente afortunada. No tengo que compartir mi espacio con un individuo que nos violente a mi hija y a mi. Tampoco tengo que soportar que nadie esté todo el día viendo porno o insistiendo en poner en práctica todo lo que el porno le ofrece. No estoy en casa con la angustia de que un individuo nos golpee, nos grite, nos humille con cualquier pretexto.

Comprendo que muchas personas aspiran a volver a la normalidad lo antes posible. Yo no quiero volver. 

No quiero que todo siga igual. No quiero regresar a las calles para ver que sigue habiendo personas de todas las edades durmiendo en la banqueta, sin un hogar. No quiero volver a la violencia cotidiana que vivimos las mujeres, unas de manera más brutal que otras, y que pocos reconocen.

No podemos volver a la  normalidad. Esa normalidad ha significado explotación, opresión, desigualdad, saqueo, violencia, discriminación, aniquilación, segregación. Esa normalidad tiene que transformarse de manera radical. Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tengamos el mismo valor en nuestra sociedad, que se nos trate con el mismo respeto, que tengamos acceso a una vida realmente humana.

El feminismo tiene décadas haciendo la propuesta de un mundo en que las relaciones entre los sexos sean otras. También ha abordado el problema de las clases sociales, el colonialismo, la economía, los fundamentalismos religiosos. Las teóricas del feminismo radical no le dieron la vuelta al problema de la opresión ni adornaron la realidad para hacerla más linda y llevadera, por eso siempre han sido incómodas.

Pensemos diferente. Hagamos las cosas diferente. Rompamos, de una buena vez, con esa maldita normalidad.


TEST GRATUITO

Hoy, tiempos de cuarentena, muchos no tendrán que hacer, para entretener un rato les propongo este test:


TEST CLASISTA (Solo para aquellos que deseen conocerse a sí mismo).

1)      USTED ODIA A AMLO INCLUÍDO TODO LO QUE REPRESENTA Y A TODOS LOS QUE PARTICIPAN EN LA 4T.

2)      USTED ODIA A AMLO INCLUÍDO TODO LO QUE REPRESENTA LA 4T A EXCEPCIÓN DE MARCELO EBRARD.  

3)      USTED ODIA A AMLO INCLUÍDO TODO LO QUE REPRESENTA LA 4T A EXCEPCIÓN DEL DR LÓPEZ GATELL.

4)      USTED ODIA A AMLO INCLUÍDO TODO LO QUE REPRESENTA LA 4T A EXCEPCIÓN DE MARCELO EBRARD Y EL DR LÓPEZ GASTELL.


Resultados:

Si respondió SÍ a la pregunta número 1, usted es una persona de convicciones firmes y de verdad odia a AMLO y a todo lo que representa la 4T.

Si respondió Si a la pregunta número 2, usted es medio clasista y medio de principios.

Sí respondió Sí a la pregunta número 3, usted es medio clasista y medio de principios. .

Si respondió Sí a la pregunta  número 4, usted es clasista de tiempo completo  y en realidad no odia a AMLO, odia al tipo de persona exterior que es, opuesta por completo a los parámetros físicos que para usted debiesen de tener la elegancia, la buena cuna y las tantas cosas y fantasmas que el clasismo inyecta en nuestras mentes.       


          

NOTA: El resultado del presente test es confidencial, no lo comparta con nadie.

Paco Casillas.

PD.- Les dejo la historia del porque mataron al negro Bembón.

PD2- Por eso me encanta el Dios de Sabines, porque es un viejo magnífico que no se toma en serio a diferencia de nosotros los humanos, que usualmente nos damos más importancia de la que tenemos y nos tomamos las cosas más en serio de lo que lo son.

Antes del fin del mundo…

Después del desasosiego inicial, llegó la resignación. Hemos hecho caso al llamado de las autoridades. Decidimos aplicar el “Quédate en casa”, a pesar de que nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestras mentes, anhelan la luz, el sol, el contacto, el bullicio… LA LIBERTAD.

Tras varios días de encierro, me atrevo a decir que el pasar a la Fase 3 de la emergencia sanitaria por el Coronavirus, nos ha obligado a pensar. A meditar. A reflexionar. A llevar a cabo una revisión del pasado, a hacer cuentas y a ser honestos con la persona que vemos todos los días frente al espejo.  A admitir que hemos cometido errores que no sólo nos han afectado a nosotros. 

Y no siempre es fácil aceptar que existe gente a quien le debemos algo. Puede ser una explicación, una disculpa, una invitación a salir, etc.

En Twitter, he leído ya muchas veces que varias arrobas de mi TL narran los acercamientos que han tenido con amigos, familiares y ex parejas, con quienes no tenían comunicación desde hace tiempo. Y me parece bien. Creo que la incertidumbre, la tristeza, el miedo, nos sacuden. Nos conmueven. Encontrarnos de frente ante un posible final de la vida tal como la conocíamos, nos lleva a desear estar en paz, a sentir que no tenemos “asuntos pendientes”.

Habrá quienes recibirán mensajes tipo: “Fuiste importante en mi vida, te quise mucho. No lo supiste nunca, pero en su momento eras mi motivo para sonreír, para querer levantarme cada día. Después cada uno hizo su vida. No vamos a cambiar eso. Sólo quiero que estés bien”.

Otros: “Te ofrezco una disculpa por lo que pasó. Nunca quise herirte. Las circunstancias no fueron favorables. Y se me hizo fácil simplemente alejarme. Sin embargo, deseo que tengas claro que jamás quise hacerte daño, al menos no a propósito”.

Otros: “Lamento mucho estar lejos de ti. Detesto no poder abrazarte y comerte a besos. Te extraño demasiado y quiero agradecerte el que seas parte de mi vida. Cuando todo esto termine, me aseguraré de que la próxima pandemia nos encuentre juntos”.

O los que señalan “Si Dios o el Universo lo permiten, debemos ir a tomarnos ese café que tanto tiempo hemos postergado. Pon la fecha”.

Y ojalá que así sea. Que de esta crisis salgamos convencidos que cada día es un regalo. Que lo único que tenemos es el tiempo presente. Y que casi siempre la vida nos da la oportunidad de ser felices. Sólo tenemos que sentir que nos lo merecemos. Y claro, también tenemos que atrevernos a decir que sí.

Carpe Diem, camaradas. Carpe Diem.

Tardes de encierro…

Como bien sabemos, el Gobierno de México, a través del Subsecretario de Salud, ha declarado que nos encontramos en la Fase dos ante la pandemia de Coronavirus.

Esto quiere decir que quienes podemos permanecer en casa, debemos hacerlo en aras de mantener la tasa de contagios en un rango mínimo.

Así las cosas, sin miedo pero atendiendo las recomendaciones que nos dan las autoridades, hemos de encerrarnos en nuestros hogares. Evidentemente habrá quienes no puedan hacerlo, sobre todo aquellas personas que viven al día; pero quienes tenemos la posibilidad (el privilegio, de hecho) vamos a tener que resguardarnos entre 4 paredes.

Y parece fácil, pero no siempre lo es en tanto que estamos acostumbrados al movimiento, a la libertad…

A mí en lo personal, me parece complicado no salir y no andar de un lado para el otro. Siempre he sido freelance y establezco mis horarios de trabajo según mi actividad como madre. Y sin embargo, es claro que tengo que acatar esa medida de #Quédateencasa.

Intentemos encontrar el aspecto positivo de esto. Ante la adversidad, lo mejor que podemos hacer es valorar cada momento que pasamos con nuestros seres queridos.

Yo, con un hijo adolescente, podría caer en la tentación de  permitirle usar la consola o el celular todo el día… No obstante, me parece que lo más prudente es  aprovechar este tiempo juntos para fortalecer los lazos y la comunicación.

Así pues, he establecido horarios con él para que no se aburra y no se acostumbre a estar inactivo. Lo he puesto a acomodar su cajonera, a doblar ropa, ordenarla por colores, etc. También tiene tandas de ejercicio (5 veces al día, por 15 minutos cada ocasión). Y por supuesto, nos damos un rato para leer en voz alta y también para jugar ajedrez, monopoly, Turista mundial, etc. Ahí nos relajamos, chismeamos, conversamos sobre nuestras vidas, nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras esperanzas.

Y qué rico es eso. COMPARTIR.

Los invito a que se permitan redescubrir a su familia.

Apaguen el módem una hora. Preparen café o chocolate (o matcha o algún smoothie si son más delicatessen) y saquen las galletitas o los pasteles y conversen. Cuenten anécdotas graciosas, recuerden a quienes ya no están en esta dimensión… perdónense, rían, lloren… Juntos. Unidos.

Que este encierro sirva para recordar que son familia no sólo por que el mismo ADN corre por sus venas, sino porque hay algo que les une incondicionalmente: EL AMOR. 

Ánimo. Vamos a estar bien.

Para saber más: https://soundcloud.com/hugo-lopez-gatell/entrevista-con-adela-micha

(Perdonen la fuente, sé que la Micha es detestable pero López Gatell es muy claro en esta entrevista)