Cómplices

Quiero advertir que esto tiene más hígado que cerebro. No me disculpo, solo advierto.

Si tan solo fuera Bárbara, no estaríamos metidas en el problema en el que nos encontramos. Ella es un ejemplo claro de que no basta ser mujer para ser feminista. Es indispensable, sí, pero el proceso de formación, análisis, deconstrucción es agotador, incluso doloroso.

No me duele Bárbara. Ella habla desde su privilegio, ese que para ella pasa desapercibido, ese que es natural y cotidiano y que no se cuestiona. Así es.

Hay amistades de otras épocas de quienes he preferido distanciarme. De vez en cuando platicamos y, a pesar de nuestras muchas y muy variadas diferencias, siempre tendrán un lugar cálido en mi corazón. Pero esas diferencias son cada vez más profundas, más duras, más difíciles de sobrellevar para todos. Duele porque son como Bárbara. Son cómplices.

Desde luego que teníamos algo qué decir con respecto a las protestas en contra del racismo. Por supuesto que notamos que la promesa del sueño americano está destinada para los WASPs. De ahí surgió el comentario sobre las cosas que pasan actualmente en todo el mundo: es responsabilidad de todos que las cosas cambien.

Claro que pregunté qué tendrían que hacer las personas negras para dejar de ser discriminadas, las mujeres para dejar de ser violentadas. Me inquietó la naturalidad con la que  tendemos que asignar a la víctima, al oprimido, la responsabilidad de que su victimario/opresor deje de serlo.

Mi última pregunta fue mucho más puntual. Pedí que por favor me ayudaran a comprender qué tendría que hacer una de las muchas niñas -y niños- menores de 10 años que hoy son violadas por pederastas que viven en la impunidad gracias al dinero que reparten a autoridades, hoteles e incluso familias. Son bienvenidos y tolerados en nuestro país y en tantos otros.

¿De verdad la toma de conciencia de ser violada por hombres mucho mayores que ella va a lograr que deje de pasar? ¿Que ella sepa que el hecho de que la violen la pone en peligro y va en contra de todos sus derechos va a impedir que estos hombres cambien? ¿De verdad tenemos que suplicar a nuestro agresor que no nos mate?

Seamos conscientes nosotros de nuestros privilegios y actuemos. No transfiramos nuestras responsabilidades y apatías a las personas que son más brutalmente oprimidas y violentadas.

No seamos cómplices.


No quiero volver

Soy afortunada. Mi hija pequeña y yo hemos estado en casa durante las últimas dos semanas.  Tengo todo lo necesario para trabajar de manera remota. He conservado mi salario íntegro. He podido continuar con mis estudios de manera remota. Tengo luz, agua, internet, comida y un amplio y luminoso lugar en donde vivir. 

El que yo pueda continuar con una vida prácticamente normal -hasta ahora- es un lujo. El que cualquier persona tenga esta misma posibilidad, es un lujo. Algo que debiera ser el estado mínimo de subsistencia de cualquier ser humano es un lujo. 

Soy absurdamente afortunada. No tengo que compartir mi espacio con un individuo que nos violente a mi hija y a mi. Tampoco tengo que soportar que nadie esté todo el día viendo porno o insistiendo en poner en práctica todo lo que el porno le ofrece. No estoy en casa con la angustia de que un individuo nos golpee, nos grite, nos humille con cualquier pretexto.

Comprendo que muchas personas aspiran a volver a la normalidad lo antes posible. Yo no quiero volver. 

No quiero que todo siga igual. No quiero regresar a las calles para ver que sigue habiendo personas de todas las edades durmiendo en la banqueta, sin un hogar. No quiero volver a la violencia cotidiana que vivimos las mujeres, unas de manera más brutal que otras, y que pocos reconocen.

No podemos volver a la  normalidad. Esa normalidad ha significado explotación, opresión, desigualdad, saqueo, violencia, discriminación, aniquilación, segregación. Esa normalidad tiene que transformarse de manera radical. Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tengamos el mismo valor en nuestra sociedad, que se nos trate con el mismo respeto, que tengamos acceso a una vida realmente humana.

El feminismo tiene décadas haciendo la propuesta de un mundo en que las relaciones entre los sexos sean otras. También ha abordado el problema de las clases sociales, el colonialismo, la economía, los fundamentalismos religiosos. Las teóricas del feminismo radical no le dieron la vuelta al problema de la opresión ni adornaron la realidad para hacerla más linda y llevadera, por eso siempre han sido incómodas.

Pensemos diferente. Hagamos las cosas diferente. Rompamos, de una buena vez, con esa maldita normalidad.


¿PROTESTA?

Protestar es un derecho consagrado en la Constitución pero protestar significa desafiar el orden establecido para hacer manifiesta ante la sociedad una situación injusta o ilegal, ante los ojos de quiénes protestan. Quién protesta considera justa su causa y se la juega, sabiendo que está desafiando ese orden, sabiendo que muchas veces los protestantes terminan en la cárcel.

Y así tenemos por ejemplo a Ghandi, cuando su famosa “Marcha de la Sal”, caminaron hasta Bel Mar y recogieron sal con sus manos para su consumo, lo cual estaba prohibido por el gobierno Inglés en esa época y él, junto con miles de manifestantes que lo acompañaban, terminaron en la cárcel.

Cantantes de protesta latinoamericanos y españoles de aquella épocas militares que tanto añoran los fascistas del PRIAN, que terminaban exiliados o muertos (Víctor Jara) o en la cárcel por las letras de lo que cantaban., Monjes budistas que se han auto inmolado.  Gente que hace huelga de hambre.

En fin, gente o grupos de gente que protestan por algo, que para protestar desafían al establishment y que saben que su protesta les puede traer consecuencias legales (si no, no sería protesta) o físicas a su propio organismo ( en el caso de las huelgas de hambre). Pero, consecuencias, al fin.

Tres de las integrantes del grupo femenino ruso de música, “Pussy Riot, estuvieron en la cárcel hace apenas unos años por letras de protesta que no gustaron al gobierno de ese país.

Sinead O´Connor, cantante irlandesa del pop-rock, perdió, se puede decir su carrera musical al quemar en vivo en un programa televisivo un imagen del Papa en protesta por la pedofilia en la Iglesia Católica.

De tal manera de que si en tu empresa, en tu escuela, en dónde quieras, te dio permiso de no asistir, para que tu inasistencia fuera una protesta, ¿es realmente eso una protesta?

Protesta verdadera la de la marcha

Bonito día!!!!!!

PD.- Y no ganamos pero como nos divertimos!!!!

Agárrense pal año que entra!!!!

Leas dejo a Sinead O´connor con otra canción, no con la disruptiva para que no se me enojen las almas pías.


Las valientes

La lucha por la causa feminista, al rededor del mundo es encomiable, necesaria y urgente. En México no es diferente. La violencia de género en nuestro país es alarmante, como todas las otras violencias. La marcha del 8 de marzo fue el escenario perfecto para que demostrarán su poder y le gritarán al mundo lo que necesitan… lo que exigen.

Miles marcharon, miles se vistieron de morado y muchas portaron con orgullo la pañoleta verde, símbolo de su movimiento. Muchas marcharon por primera vez y fueron impulsadas por ese sentimiento de crisis que los medios se han encargado de administrar en estas últimas semanas mas por golpear al gobierno que por que sean aliadas del feminismo. Caminaron de el monumento a la revolución al zócalo y lo hicieron en paz.

Cargaron sus pancartas, se tomaron fotos, gritaron consignas y vivieron un día de unión femenino como pocas veces sucede.

Sin embargo, como siempre, la derecha mandó a sus grupos de choque; encapuchadas que lo único que quieren es causar caos. Pintaron lo que pudieron, rompieron lo que quisieron y hasta se quemaron entre ellas.

Pero es justo en ese escenario de caos que generaron unas cuantas, que encontramos a LAS VALIENTES; mujeres que fueron a exigir paz pero que rechazan la violencia. Mujeres que trataban de impedir que se rayaran los monumentos, mujeres que gritaban “Con violencia no”, y que poniéndose como escudo, defendieron a las policías que cumplían con su deber de cuidar a las que marchaban y el entorno en el que lo hacían. Mujeres que incluso les repartían abrazos a las oficiales, y que entienden que todas son mujeres y que todas quieren lo mismo.

Esas mujeres son las que representan la causa, ellas que exigen con valentía pero que entienden que quemar, destruir y rayar no lleva a ningún lado. Esas mujeres que hoy fueron a trabajar y que no entienden la protesta desde la ausencia sino haciendo presencia. Pues es con su fuerza, con su valor y con su determinación como van a terminar por cambiarlo todo.

Esas mujeres que en redes sociales son llamadas alienadas solo por no compartir el odio hacia el otro género y tener ideas distintas.

Las valientes que no se esconden detrás de un paliacate, pues no van a destruir sino a construir un futuro. Las valientes que todos los días sostienen a México aparecieron y con pequeños actos simbólicos reivindicaron lo que pudo ser solo otra nota de una marcha violenta.

Qué diferentes son esas mujeres a las otras, a las cobardes, a las que buscan incluso silenciar a otras mujeres; a esas que su única intención es esparcir odio y no sembrar algo que cambie las cosas.

Gracias, VALIENTES.

Ojalá que todo cambie, por ustedes

Gerardo Ayala


Fotografía: El universal

ABUNDANDO…

En México la mayoría de edad por ley, se adquiere a los 18 años.

Mientras ello no sucede, los padres somos garantes de la salud y el cuidado de los hijos menores de edad.

Un menor de edad, por más grandote que se vea, no tiene aún la madurez ( no la tenemos los sesentones, menos los chavalones) para tomar decisiones cruciales de vida.

Por ejemplo, si yo fuera Presidente de México, haría lo posible por que fuese obligatorio que los padres le pusiesen a sus hijos todas las vacunas. Un adulto puede hacer con su vida lo que le dé la gana, si se quiere vacunar o no es muy su derecho pero no tiene porque exponer a ello a menores de edad que dependen de ellos.

Igual lo haría con las transfusiones de sangre. Un adulto puede profesar creencias de cualquier tipo que se niegue a recibir una transfusión sanguínea aunque se vida vaya de por medio pero no puede obligar a un inocente a no recibirla por las creencias de sus padres. Igual pienso con las niñas que no van a ir a la escuela el 9 de marzo.

Los adultos somos libres de tomar nuestras propias decisiones. De protestar, de no ir a trabajar, de hacer cualquier cosa siempre respetando la ley. Pero no tenemos porque involucrar a los menores de edad, a nuestros hijos en actividades que corresponden a los adultos.

Menos aún, dejando de asistir al lugar en dónde se deben de formar para que cuando sean adultas no dependan del macho (si es que les toca un macho) que no pueden dejar por qué no saben hacer nada en la vida y no saben valerse por sí mismas.

Me parece un contrasentido.

El machismo obligando a sus hijas a no asistir al único lugar en dónde pueden formarse para librarse de él.

Paco Casillas.


Carta al amigo “progre” de izquierda

No puedo saber qué tan implicado estés con pensar diferente. Cuando lo haces, cuestionas el sistema, el entorno, la normalidad, los sucesos, lo cotidiano, todo, incluyendo los muchísimos autores varones que debes leer durante la carrera, no importa la que escojas. Muchos de ellos no ocultan un claro desprecio (que no odio) hacia las mujeres (las que estudiamos filosofía lo sabemos), pero se insiste en la importancia de separar al hombre de su obra; hay también una tendencia brutal en sostener que esta producción es fiel reflejo de la humanidad entera pero, en los hechos, las mujeres siguen siendo presentadas como algo excepcional, fuera del continuum del pensamiento humano. Tanto así que Dussel, por ejemplo, desde el desconocimiento o la mala fe decidió oponer feminismo y machismo cuando se le sugirió incluir teoría feminista en la FFYL.

Pensar diferente tiene un costo. Cada mujer con la que he compartido mi camino (a partir de sus reflexiones, investigaciones, libros, creaciones artísticas, amistad, coincidencias o desencuentros) que ha cuestionado lo que ya está dado, en alguna clase o en algún ensayo,  ha tenido que enfrentar desprestigio profesional, recorte de presupuesto, burlas y actitudes condescendientes en aula o discriminación en distintos ámbitos, además de críticas a sus opciones personales de vida o a su físico, un cierto grado de aislamiento, acoso u otros tipos de violencia. El sistema es implacable con hombres y mujeres disruptivos, pero con estas últimas es especialmente virulento.

Es interesante que invites a pensar diferente, a cuestionar, incluso a la revolución. Por eso me atrevo a sugerir que revises tu postura de hombre de izquierda, la cual te ayuda a dar razón de ti mismo, tus elecciones y tu visión de mundo. Yo me atreví a buscar otras explicaciones y en eso sigo, no es una tarea que vaya a terminar. No soy Hegel, no me interesa construir un sistema que lo explique todo de manera perfectamente estructurada. Pensar diferente te llama a hacer las cosas de otra forma, a transformar el mundo, y eso tiene consecuencias ¿estás dispuesto a asumirlas?

Kookay


Imagen: Emma Gasco

¿Seguras que es odio?

En estos días pasaron cosas que me dejaron con el corazón a medio latir. Tenemos el pensamiento y el lenguaje brutalmente colonizados, por eso es tan difícil darnos cuenta de que lo que pasa con una, retiembla en todas.  No hay casos aislados, ni lejanos, ni ajenos. 

Si ustedes no han leído a Gerda Lerner, deben darse el tiempo de hacerlo. Gracias a ella supe que este asunto perverso de clasificar a las mujeres en dos grandes grupos no era una novedad, y mucho menos resultado de alguna inclinación natural.

¿Me creerán si les digo que las mujeres no son públicas ni privadas?  Es decir, ¿que no somos o zorras o santas? Inhalen, exhalen, tomen asiento si es necesario, porque deben saber que esa segregación ha demostrado ser exitosa desde hace muchos miles de años, ayudando  a que las mujeres, en general, declaren necesaria enemistad a unas u otras, según el bando que les asignen. 

Lo que yo descubrí es que las mujeres, no importa el rol que les fijen -incluso lo acepten o no- son tratadas desde mucho antes de nuestra época neoliberal como propiedad. Tampoco importa su casta, su religión, su inteligencia, su posición social, su edad, su etnicidad: todas hemos sido propiedad de algún hombre desde hace tanto que nadie lo cuestiona.

¿Por qué mataron a Ingrid Escamilla? Por la misma razón por la que Araceli  -niña queretana otomí de 12 años, golpeada y violada brutalmente- murió. Todos los feminicidios tienen una misma razón de origen, más dolorosa que el odio: esos hombres tienen la certeza milenaria de que las mujeres, todas, son seres inferiores que les pertenecen.

Yo dispongo de lo que poseo. El hombre propietario no lo es solo de tierras o bienes, también dispone de todos sus animales, entre los que se encuentran: hijos varones pequeños (que eventualmente crecerán y serán hombres que replicarán la condición de propietario) mujer, hijas, concubinas, esclavas y esclavos.

Jamás hemos sido plenamente humanas. No es lo mismo odiar que menospreciar.

En el patriarcado, todas somos inferiores y a todas se nos exige estar disponibles sexualmente para los hombres; si las buenas mujeres amas de casa dejan de ser sexualmente atractivas, para eso hay otras, las zorras (amantes, prostitutas, amigas, las del porno). Pero en el último de los casos basta con salir a la calle y agarrar a cualquiera.  Ya sabemos que a la que van a culpar es a ella.

Te aseguro que no eres zorra; y tampoco eres una santa. Eres mujer y se nos sobresexualiza desde niñas. Vives en el patriarcado, lo quieras reconocer o no. El patriarcado no te va a pedir permiso para existir. Es la institución más exitosa de toda la historia (prehistoria incluída). Ha sobrevivido a todos los tipos de gobierno, organización social y económica. Y hasta que caiga, estarás segura. 

Los hombres feminicidas no odian a las mujeres, solo están afirmando de una manera mucho más brutal su derecho a disponer de lo que ellos saben desde siempre que es su propiedad. La revictimización tampoco es casualidad. Es la manera de generar chivos expiatorios que sirvan de ejemplo para las todas las demás, no solo para las rebeldes.

Kookay


fotografía: RTVe.es

¿El violador soy yo?

La afirmación por si sola es terrible. No es cierto claro, mi educación en casa fue determinante en el sentido que la violencia hacia cualquiera es para los cobardes. Mi madre, mis abuelitas, mi hermana, mis tías, mis primas; una familia abundante en mujeres me hizo crecer con la idea firme de que las mujeres son lo mejor de este planeta. Jamás en mis relaciones personales me he atrevido al abuso físico y creo desde un acto de contrición que tampoco al abuso psicológico. Pero no estoy seguro. En ese sentido creo que a cualquier de nosotros nos hace falta deconstruirnos, reflexionar y aprender. Rearmarnos en expresiones, en dichos, en insultos; en formas, en lenguaje, en acciones y reacciones; en conductas simples de todos los días.

En los días pasados un caso de feminicidio- uno de la decena que ocurren todos los días en México- se hizo viral; la indignación colmó a todas y lo acompañaron con miedo. Es natural, la realidad de esta sociedad les dice a las mujeres que están en riesgo, que matarlas es sencillo, que varios lo hacen, que es recurrente y lo que es peor; que la autoridad hace poco por resolver esos casos que están normalizados, en este país que sangra todos los días. Ellas reclaman, maldicen, escriben, gritan. Ellas exigen que se cambie esta realidad con el único fin de vivir tranquilas. Tienen toda la razón y tienen todo el derecho…

¿Y nosotros?

Nosotros nos dividimos en varios. Nosotros buscamos de manera inmediata desmarcarnos de las afirmaciones que nos reúnen como género en culpables. Y es cierto, duele que cada uno sea señalado como un violador en potencia. Claro que duele que nos digan que los violadores, los misóginos, los “odiadores”, los “Abusadores” somos nosotros. Duele por que creemos en nuestra grandísima vanidad y nuestro tremendo ego, que somos diferentes al resto. Duele por que nos surge el orgullo masculino y por que decidimos que nadie, y mucho menos ellas, pueden señalarnos por nuestros errores. Duele por que nos damos cuenta en lo profundo, que no somos tan distintos.

Hablaré de mi caso personal… Nunca he lastimado físicamente a una mujer, nunca. Pero sí creo que más de una vez he caído en conductas que normalizan que ellas sean más vulnerables. Sí creo que más de una docena de veces he aprovechado los privilegios de ser hombre, para imponer mis condiciones. Sí, he consumido pornografía y por lo tanto las he convertido en un simple objeto. Sí, en repetidos momentos de mi vida he usado expresiones que demeritan al género femenino. Sí, en una batalla de género aún defendería al mío. 

Para estas alturas, aún estoy pensando en si debo publicar esta columna o no, por que no es sencillo, por que reconocer los errores de forma pública y en voz alta no es nada fácil. Pero también creo que es lo primero que se debe de hacer en una realidad como esta si de verdad queremos cambiar las cosas. Claro que nos hace vulnerables y claro que de una u otra forma rasga la máscara de perfección que todos queremos ostentar en público. Pero es lo correcto. Y además nunca estaríamos tan vulnerables como lo están ellas; todos los días y en cualquier lugar, algunas incluso en sus propios hogares, con su propia familia.

Debemos reconstruirnos y comprender que su lucha es justa, es necesaria y solo puede hacernos mejores.

Debemos quitarnos del camino y dejar de estorbarles, si nos estás contra ellas, ellas no te están atacando a ti; aunque tu ego te haga pensar que sí.

Debemos dejar de responder con comentarios que las desvían de su objetivo y en su lugar prestar nuestro silencio, para que su voz se haga más fuerte

“Nos matan a todos”, es el argumento para minimizar estos casos.

Es cierto, pero a ellas las matan solo por su género. Y es nuestro género quien lo hace.

Sí… el violador soy yo, y eres tú, y somos nosotros, y son ustedes, y son ellos.

Al final lo somos todos, hasta que todas estén a salvo, hasta que todas tengan garantizado seguir viviendo.

@GerardoAyala


No es fácil brillar, o eso nos creemos.

No es fácil brillar, o eso nos creemos. 

Muchísimas veces me percibía a mi misma como algo parecido a la luna de nuestro cielo: un cuerpo inerte que gira alrededor de algo más grande, iluminando la noche. Pero eso era posible solo porque reflejaba la luz que venía de otro lado. Mi destello manifestaba la existencia de alguien más. 

Después de mucho ir y venir, y vivir,  y renegar, y comprender, y gritar, y perdonar, y aceptar, y valorar, y poner cosas y personas en el lugar que les corresponde en mi historia, hoy soy esta que, diminuta en el cosmos, descubre que siempre fue capaz de generar su propia luz. 

Toda generalización suele ser riesgosa, pero creo estar en lo correcto cuando afirmo que la historia personal de cada uno de nosotros narra la búsqueda de eso que nos permite iluminar el camino que recorremos, a veces solos, a veces acompañados. 

Mi historia es mía, pero es parte de una historia que ha sido vivida por muchas otras mujeres. No esperes absoluta y perfecta congruencia, nada en mi está totalmente dicho: las personas estamos llenas de contradicciones. Dialogo constantemente conmigo, con mis libros, con mis amigas, con mis hijas, con hechos y datos y con lo que se me ponga enfrente, aunque a veces ese otro no lo sepa. Esos diálogos abren nuevos senderos que no siempre es sencillo andar. 

Esa historia ampliada, mía y no, es la que quiero compartir contigo en mi columna. Agradeceré infinitamente que me leas y me des la oportunidad de seguir encontrando  caminos que no conozco.

En las lenguas mayas, a los bichos de luz, como yo, les llaman kóokay. 

Kóokay