Me arrepiento.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia, después de una lucha de muchos años. Es sin duda un líder político único en el país. Nadie puede negar su resilencia, su amor a las causas y el empeño diario en lograr liderar el proyecto que ahora encabeza. No fue fácil. Muchas voces, mucha gente, se sumó a su lucha y lo impulso a seguir aún con los panoramas más oscuros. Es conmovedor ver el respaldo de la gente hacia el tabasqueño en videos del desafuero antes de las elecciones de 2006, en el plantón de reforma y en casi todos los de sus mítines de estos años.

¡Presidente, Presidente!, eran gritos en todas sus apariciones públicas. Era un sueño para muchos, una ilusión para otros y la solución para otros tantos. Lo cierto es que después de tanto tiempo, al fin en 2018, se llegó a la meta de la izquierda de colocarse en la cumbre del poder político en México. 30 millones se unieron para que sucediera y ni siquiera el INE pudo evitarlo

La cuarta transformación está en marcha y ha luchado en todo este tiempo con notas inventadas, con medios enojados, con periodistas furiosos por falta de pago, por campañas de desprestigio pagadas desde el poder económico, por intelectuales que se quedaron sin sueldo y por una enorme campaña de bots, que todos los días trabajan intensamente, para dar una imagen de fracaso que no se creen ni ellos mismos. En redes se libra un batalla demencial y continúa que parece no tener fin. Es la derecha contra la izquierda, son los chairos contra los fachos, son los amlovers con otra los haters del macuspano. Y la cosa no parece cercana a cambiar. Se pronostica incluso, que se intensificará con el claro objetivo de arrebatar la mayoría a Morena y así quitarle capacidad de maniobra a AMLO después del 2021.

Así es el escenario y cualquiera que hiciera el análisis el 2 de julio de 2018, podría verlo con facilidad, pero hay un factor que pocos veían venir; los arrepentidos. Los hay de todo tipo, desde los que ni siquiera votaron por él y dicen arrepentirse y sentirse defraudados del cambio. Estos son simplemente gente que sin credibilidad alguna busca hacerse parte del triunfo para al mismo tiempo vender la imagen de que Andrés ha perdido gente. Estos, al igual que las fakenews son desmentidos casi de forma inmediata. Pero los que hoy traigo a la palestra son los que verdaderamente “se arrepienten”, gente que apoyó a Andrés Manuel, de forma vehemente y hoy le da la espalda; que gritan ¡Me arrepiento! y piden perdón, por según convencer a multitudes de votar por el proyecto de transformación que ganó el 1 de julio. Hay explicaciones posibles, todas igual de ilógicas y todas también igual de injustas.

La primera, creían que Andrés Manuel Lopez Obrador lo resolvería todo en un minuto, gente que de verdad pensaba era el mesías; gente que no entiende como funciona un país y lo arraigado que están los vicios en el ir y venir del país; cosas tan simples como la corrupción en todas las instituciones públicas o el mal funcionamiento de gobiernos estatales y municipales. Lo creyeron mago, aún lo creen. No lo es.  TONTOS

La segunda explicación es un poco más compleja, son personas que apoyaron toda la vida a Andrés, que marcharon, que gritaron, que se partieron la madre apoyando; asumiendo que al llegar, tendrían un puesto, un hueso. Que serían parte del gobierno y se veían encumbrados como parte de una corte que gobernaría México los próximos 30 años. Son estos los que juran que sin su apoyo Obrador hoy no sería presidente, y en algo puede que tengan razón. El problema es que nunca vieron solo por el bien general sino por el particular. Eran y no lo sabían, más de lo mismo. Querían el mismo sistema, pero para ellos, sin transformación. No comprendieron que la 4ta transformación era eso, y que lo seguirá siendo. HIPÓCRITAS. 

La tercera: los que aparentan ser opositores al sistema, y que en realidad lo único que buscan es ganar seguidores de uno y otro bando, siendo como veletas que se ajustan al compás del viento. Gente que durante la campaña y unos meses después de ella se declaró obradorista a ultranza, que defendía cualquier cosa y que incluso componía poemas, hacía videos, inventaba frases y se tomaba fotos con el candidato de Morena; pero solo por ganar followers, solo por aumentar sus cuentas. Gente que sabía el tamaño de la avalancha del movimiento de la coalición “juntos haremos historia”. Querían salir en la foto. Y hoy, pretenden ser opuestos, pero no por que en realidad lo sean, sino por que es conveniente para sus intereses y por que se dan cuenta que del lado de la izquierda el apoyo tiene que ser sin lucro y sin moche de por medio. Les conviene girar a la derecha. MISERABLES.

A ti el que no se arrepiente le digo, lo único que queda es seguir, ser parte de las benditas redes sociales. Tener firmes las convicciones y afilados los argumentos. Entender que esto es un proceso y que habrá fallas. Saber que AMLO escucha, cambia y corrige. Entender que no es mago y mucho menos mesías. Saber que el proyecto que se votó era el único posible y que en otras manos, hoy estaríamos diciendo que estaríamos mejor con AMLO, por que además es cierto. Lo único que nos queda es aferrarse a voces que en la oscuridad aún son faros de luz, que hacen verdaderos análisis y que llegan a conclusiones sanas y útiles. 

Me atrevo a citar una de esas voces para mostrar la disyuntiva en la que muchos nos encontramos:

“¿Cómo decir lo que pienso y tengo derecho, sin que venga un “odiador” a burlarse para golpear a una administración?, Yo no odio, Yo exijo como mexicana mi derecho a vivir en paz, segura. Yo no quiero que la administración caiga pero sí que cambie lo que sea necesario”.

“¿Cómo decir lo que pienso y tengo derecho sin que venga un defensor de la 4T a decirme tibia, a insultarme para defender a quien no ataco, a quien solo le exijo que cumpla su encomienda?”

@SantaRemedios

En lo personal no me arrepiento, Hoy mas que nunca estoy seguro de mi voto, orgulloso de él, y sé y entiendo lo útil que le ha sido a México en este año y meses. Hoy estoy más seguro que nunca de que Es un honor estar con Obrador.

@GerardoAyala


Debemos defender al INE

Durante los pasados meses, las voces más representativas de la oposición, se han levantado, preocupadas por que, según ellos, el INE se enfrente al terrible proceso de transformación que el gobierno de AMLO pretende aplicar a todas las instituciones del país. Según ellos, habría que preservar la independencia del instituto y no dejar que “el dictador”, como se regodean en llamarlo, pueda trastocar la autonomía del órgano electoral, que a su juicio es garantía de democracia.

“Gracias al INE, ganó su mesías” dicen los bots de twitter para tratar de defender la veracidad de una institución, que ha validado y sigue validando fraudes a los largo y ancho del país. Es cierto, en las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador, ganó, pero no gracias al Instituto. Remontémonos a 2006, cuando el INE en calidad de árbitro electoral tuvo que salir a darle el triunfo a Obrador. En cambio y de la mano de Carlos Ugalde, salió a poner duda sobre el resultado y más tarde a dar el veredicto más vergonzoso en la historia electoral del país. Hubo fraude. Un enorme fraude que comenzó Fox, buscando el desafuero del entonces jefe de gobierno. Un fraude en el que intervinieron poderes pollitos y económicos. Los peores se unieron para derrotar al candidato que prometía cambiar la forma de hacer política en México y darle voz a los que nunca hasta entonces la tuvieron. Y todo eso con el consentimiento del INE (entonces IFE).

Pero no fue el último caso; En su historia también está el vergonzoso capítulo de avalar el excesivo gasto de campaña de Enrique Peña Nieto. Millones y millones de pesos gastados en imagen, en regalos, en artistas, en eventos; en una cínica y descarada compra de votos, que quedó en pequeñas multas, ni siquiera por el valor de lo gastado y sí; una vez más el fantástico órgano electoral, en complicidad con el Tribunal, avaló la elección del priista.

También, podemos hablar de 2017, cuando en el Estado de México, Alfredo del Mazo con la ayuda de la estructura corrupta que lleva años gobernando la entidad, y con la ayuda del PAN y el PRD, hicieron un cochinero electoral, que el árbitro fingió no ver, impidiéndole a Delfina Gómez Álvarez, obtener la gubernatura y dejando al PRI otros 6 años. 

Y ya en 2018 la historia no fue distinta: Margarita Zavala, fue la gran protagonista de otro capitulo surrealista en la historia de vergüenzas del instituto electoral; cuando con copias fotostáticas sustentaron la candidatura independiente de la esposa de Felipe Calderón. En Puebla; los Moreno Valle, se robaron la elección de forma descarada; tratando de perpetuarse en el poder a través de Marga Erika Alonso; al mas puro estilo de los Calderón-Zavala. Y el INE, calladito.

En la elección presidencial, el INE, no tuvo más remedio que avalar la elección de AMLO. 30 millones de personas salimos a la calle a votar por la 4ta transformación y esta vez, no íbamos a dejar que nos robaran el cambio que esperamos casi 13 años. Aún así ensuciaron la elección en Coyoacán hasta robar la alcaldía y trataron de ensombrecer el triunfo de Morena, con supuestos de un fideicomiso, que más tarde se aclararía.

El INE debe defenderse, sí. Por que en un país como el nuestro resulta fundamental tener un órgano electoral suficiente, autónomo y objetivo. Peor hoy el INE está lejos de ser eso. El Instituto Nacional Electoral, necesita reformarse; deshacerse de Lorenzo Córdova, de Ciro Murayama y demás personajes oscuros, quienes apenas ayer por la tarde madrugaron a todos, imponiendo por 6 años más a su secretario ejecutivo Edmundo Jacobo Molina, quien además lleva ya 11 años en el cargo.

Necesitamos defender al INE, y la mejor forma de hacerlo es transformarlo. Es quitarle toda la porquería que aún abunda ahí adentro y dejarlo listo, para tener veracidad en las elecciones de 2021.

@GerardoAyala


fotografía: uniradionoticias.com